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viernes, 2 de octubre de 2026

P R I M I C I A

 


Accesible en BUSCALIBRE, dando clic ACÁ

O, por encargo directo, a través de mi correo: rrestrepog@gmail.com

Valor: $ 65.000 más envío

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LIDERAZGO: ¿EMPATICO O TÓXICO?
(extracto)

El relato tradicional, que sigue siendo el dominante en la sociedad contemporánea, nos presenta una visión del poder como dominación; por ello hemos terminado haciendo de la competitividad un dogma; y, como correlato, una visión del liderazgo, entendido como el ejercicio de roles centrados en la autoridad, la jerarquía, la dirección, el orden y el control.


El relato emergente del poder, por el contrario, se enfoca en cooperar, no en competir. El primero entiende el poder como una fuerza al servicio de la economía; el segundo, como una fuerza al servicio de la vida; el primero lo entiende como autoridad y control; el segundo, como inspiración y servicio.

 

Y, evidentemente, estos relatos, estas visiones del poder, moldean a su manera tipos de liderazgo diametralmente diferentes.

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Comparto, complacido, con quienes acceden a este blog, la publicación de mi último libro, el octavo de la familia. Una reflexión crítica sobre lo que entendemos por liderazgo, como factor de transformación personal, social y planetaria.

 

Este nuevo libro es una invitación a que repensemos críticamente los tipos de LIDERAZGO TÓXICO que nuestras sociedades han venido validando, con nuestra contribución directa, indirecta o silenciosamente cómplice. Unos liderazgos en cuya consciencia recaerá el peso histórico de la actual policrisis social y ambiental de dimensiones planetarias.

 

Y, por otro lado, es una invitación a revalorar lo que significan los liderazgos empáticos y auténticos que, ejemplificados en figuras bien conocidas, constituyen el modelo a seguir en todos los ámbitos, si queremos retomar la senda hacia sociedades justas, equitativas y sostenibles.

 

El libro documenta, con 10 ejemplos reales, ampliamente referenciados, tanto los liderazgos tóxicos como los liderazgos empáticos, con el fin de ofrecer al lector, no solo un marco teórico, sino una referenciación práctica.


OTROS TEXTOS DEL AUTOR:
Responsabilidad social: nueva teoría, nuevas prácticas. ACÁ.
El fascinante poder de la incertidumbre. ACÁ.
Marketing social. ACÁ.
Desarrollo sostenible versus 4ª. revolución industrial. ACÁ.
De hominis: claves del desarrollo humano. ACÁ.
De la gerencia a la dirigencia: poder, dirección y liderazgo. ACÁ.
Reflexiones en tiempos de crisis. Edición para circulación privada.

domingo, 22 de febrero de 2026

RELATO Y REALIDAD

 

Toda nuestra vida diaria está dominada por relatos, sin que seamos siempre conscientes de ello. La razón es simple: el ser humano es un animal simbólico, un concepto acuñado por el filósofo y sociólogo polaco Ernst Cassirer (ver ACÁ). “Poéticamente el hombre habita esta tierra”, decía Heidegger, en Hölderlin y la esencia de la poesía (ver ACÁ). Es decir, el ser humano necesita construir o adoptar una interpretación de la realidad, para habitar cómodamente en ella. Y la cruda observación social nos dice que la enorme mayoría de los seres humanos no elabora, sino que adopta una interpretación, un relato hecho por otros, en una curiosa transaccionalidad en la que unos seres humanos declinan el esfuerzo de hacerse cargo de su destino y otros capitalizan ese vacío, por oportunismo o por imposición, a favor de sus propios intereses. Es la coyuntura donde nace la manipulación social, como arma al servicio de intereses de terceros, que resultan ser de todo tipo.

 

Ya lo decía Orwell en su novela 1984 (ver ACÁ): “El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado” (p. 44). “¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también puede controlarse el pasado y lo que llamamos la realidad?” (p. 94). Hoy lo vemos en los medios de comunicación a flor de piel y será más omnipresente en nuestras vidas con la invasión de los enjambres de IA.

 

Un caso cotidiano nos sirve de ejemplo: el asesinato de la señora Renne Nicolle Good, en una operación antiinmigración del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) el 7 de enero de 2026, en la ciudad de Minneapolis. En sus causas, fue un hecho ocasionado por un relato (Make America Great Again) que atribuye a la inmigración todos los males de la nación: el desempleo, la pérdida de identidad, la delincuencia, etc. Paradójicamente, en una nación forjada por inmigrantes y esta vez en cabeza de una víctima que era ciudadana estadounidense. Según el relato oficial, “como mínimo, esa mujer fue muy muy irrespetuosa con las fuerzas del orden”, según dijo Trump a los periodistas a bordo del Air Force One (ver ACÁ). Todo ello, a pesar de que el New York Times, en un minucioso análisis de los videos del hecho, demuestra todo lo contrario (ver ACÁ). Es, pues, un relato oficial, que se impone por la fuerza de las armas, al servicio de claros intereses económicos, en el que la verdad resulta siendo otra víctima más.

 

Si algo tan evidente documentalmente es distorsionado por un relato repetido con toda fuerza desde el poder, imagine usted qué no ocurre con asuntos más complejos como el cambio climático, la seguridad ciudadana, la minería, la guerra, la desigualdad social, la confrontación geopolítica entre potencias voraces, la depredación del medio ambiente y un infinito y más que tóxico etcétera. Más, en un mundo dominado por las redes sociales, las bodegas de influenciadores mercenarios, la censura, el ruido, la polarización ideológica, los enjambres de IA… y el bajo nivel cultural del ciudadano medio. Se aplica, sencillamente y con todo rigor, el sabio aforismo de nuestros abuelos: “en río revuelto, ganancia de pescadores” (léase poderosos).

 

Vemos, así, la guerra de relatos en torno a temas cruciales de nuestra vida diaria: Venezuela, Gaza, la inmigración, las elecciones parlamentarias y presidenciales, la agenda mundial de desarrollo, etc. Y, en medio de todo, poco se plantea la conexión profunda que guardan el poder (como ejercicio de dominación), la política (como su gran escenario), la economía (como su objetivo central) y el relato (como su vehículo y entramado invisible). Todos estos elementos están profundamente interconectados. Por lo que, como bien lo afirma Orwell, el relato no resulta siendo otra cosa que un arma social y política de dominación.

 

Eso explica por qué, a raíz de los sucesos de Minneapolis, Barbara McQuade, exfiscal de Estados Unidos y profesora de derecho en la Universidad de Michigan, concluyera: “Parece que la idea general es controlar la narrativa e insinuar a la opinión pública que ella estaba equivocada y ellos tenían razón” (Ver ACÁ).

 

Lo anterior no significa que los relatos, un buen relato, no sean algo importante, quizás indispensable, en el desarrollo de toda sociedad. De hecho, buena parte del bajo nivel de desarrollo de todos los países de África y Latinoamérica se explica justamente por la carencia de poderosos relatos de país. Pero una cosa es un relato de nación, como principio de identidad de cada pueblo, y otra muy diferente es el uso de relatos en la disputa por el poder político o económico (en el fondo, cara y sello de la misma moneda) de un determinado grupo, partido o país. Cosas bien diferentes son un relato como identidad cultural e inspiración nacional, por un lado, y un relato como arma de dominación política y económica entre facciones, por otro lado. Es decir, una cosa es un relato sobre el bien común y que convoque a la cooperación; y otra bien diferente es un relato sobre intereses particulares y construido para competir y dominar. El primero inspira, integra y cohesiona; el segundo divide, polariza y confronta. Saturan ya los relatos sectarios; brilla por su ausencia una épica del bien común (bello adjetivo, derivado del sustantivo griego ἔπος -epos- = narrativa, relato).

 

He ahí, en la inspiración de relatos colectivos, al servicio del bien común, la principal tarea y la falencia más protuberante que enfrentan los liderazgos contemporáneos. Así lo consigna Pawel Zerka, investigador senior del European Council on Foreign Relations (ECFR), en nota de prensa sobre la actual coyuntura geopolítica de Europa: “[…] el momento exige una narrativa clara y coherente. Sin embargo, los líderes europeos no han sabido proporcionarla” (ver ACÁ. Subrayas del original). Infortunadamente, pues, vemos a nuestros líderes actuales más proclives a imponer relatos sectarios y polarizantes; relatos que, lejos de convocar y cohesionar las sociedades, las fragmentan, dividen y confrontan.

 

Ramiro Restrepo González

Febrero de 2026

miércoles, 14 de enero de 2026

PENSAR EL DESPUÉS DE LA TORMENTA…

 

Sin duda alguna, 2026 se perfila como un año tormentoso:

Cambio climático, con una estela de desastres ya fuera de control y sin voluntad política aparente para enfrentarlo.

Inteligencia artificial, con agobiantes dilemas éticos e importantes impactos socioeconómicos, aún no resueltos ni controlables.

Sustitución del sistema multilateral, en un orden mundial basado en reglas, por un transaccionalismo monopólico, ventajoso, imprevisible y agresivo.

Y un concierto de guerras in crescendo alrededor del mundo: Ucrania, Gaza, Yemen, Sudán, Congo, Myanmar, el Sahel, para solo mencionar las más relevantes.

 
Ya, solos, estos cuatro escenarios son algo así como los cuatro jinetes del apocalipsis de Juan. Y ahora viene a sobreagregarse la reciente invasión militar de los EE. UU. a Venezuela, en una operación que forma parte de una intervención mayor en toda la región. Así lo declara formalmente la reciente National Security Strategy (ver ACÁ): “Estados Unidos debe tener preeminencia en el hemisferio occidental como condición para nuestra seguridad y prosperidad, una condición que nos permita afirmarnos con confianza donde y cuando sea necesario en la región” (p. 17, subrayado nuestro). Es la esencia de lo que el mismo texto denomina el “Corolario Trump” (p. 15), algo así como un anexo a la anacrónica doctrina Monroe.

He ahí lo complejo de la situación sobreviniente: una dictadura abominable, la del maduro-chavismo, que aún no termina; y una potencia que la usa como pretexto para invadir un país soberano, pasando por encima del derecho internacional, de organismos multilaterales como el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la OEA, de tratados vinculantes… Todo con el fin de imponer sus objetivos de dominación. Inaceptable situación por donde se la mire: ni dictaduras (paradójicamente en aumento en el mundo) ni invasiones imperiales; ninguna de ellas resulta ya admisible. Todo el andamiaje civilizatorio, construido con esfuerzo y conquistado con sangre en dos guerras mundiales, ha quedado, de repente, hecho añicos.

Y todo viene a ocurrir justo en un año en el que se jugará, en las urnas, el futuro político próximo de varios países de la región: empezando por los EE. UU., con sus legislativas de noviembre; y siguiendo con las presidenciales de Brasil, Perú y Colombia.

Como he dicho, desde el primer párrafo, 2026 es ya un año suficientemente tormentoso. Frente a realidades tan crudas y obligantes, desde este modesto Blog, hacemos un llamado a la reflexión serena, despolarizada y con visión de futuro. Sobre todo, un llamado a que, desde un plano de consciencia elevado, alcancemos a ver más allá de la tormenta y trabajemos, con redoblado esfuerzo, por construir ese futuro diferente que todos nos merecemos: en paz, equidad y armonía (entre nosotros y con la naturaleza).

La dirigencia, pública y privada, de nuestras sociedades está al frente de retos decisivos. No es hora de movilizar ejércitos, sino liderazgos. Liderazgos que eleven la consciencia y sean capaces de ver más allá de la tormenta: humildes y perspicaces, para examinar sus causas; con suficiente valor, para colocar el bien común por encima de mezquinos intereses políticos, económicos u organizacionales; inspiradores de una nueva manera de relacionarnos entre todos y de todos con la naturaleza; con autoridad moral, para inspirar una dimensión trascendente de la vida de las personas y de la convivencia de los pueblos.

Líderes, en fin, que nos ayuden a mantener viva la esperanza cierta de que, después de ese cuarto movimiento de Relámpagos y tormenta, vendrá ese sorpresivo quinto movimiento de Alegría y sentimientos de agradecimiento después de la tormenta, con los que el inolvidable Beethoven nos iluminó en su sexta sinfonía, La Pastoral.

Ramiro Restrepo González
Enero de 2026