Mostrando entradas con la etiqueta bienestar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bienestar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de agosto de 2026

TENEMOS LÍMITES

 

El modelo económico que heredamos de la Revolución Industrial nos instaló culturalmente en una visión de crecimiento ilimitado. Así, toda empresa y todo ejecutivo se ven autoexigidos a superar cada año sus metas de producción, ventas y rentabilidad neta (el insoportable EBITDA). Pero el nostálgico sueño de Adam Smith, de que una sociedad económicamente próspera alcanzaría el bienestar general por simple lógica económica, sigue en eso: en un sueño, después de 300 años de economicismo y más de un siglo de la muerte del señor Smith.

 

Y, ya en 1972, debimos empezar a tomar consciencia, de la mano del Club de Roma, de que el crecimiento ilimitado es una visión inviable y suicida. Ese año se publicó precisamente su informe Los límites del crecimiento (ver ACÁ). Este informe ha tenido 3 actualizaciones, con base en el curso real de los acontecimientos, tendencias y proyecciones ajustadas: en 2004, a los 30 años (ver ACÁ); en 2020; y, con motivo de sus 50 años, en 2022 (ver ACÁ). Todas ellas han confirmado y agravado las conclusiones del primer estudio, la central de las cuales es la insostenibilidad de una visión de crecimiento ilimitado.

 

En esa época, la publicación de este informe causó la natural controversia de una profecía contraevidente para el pensamiento de la época. Hoy es una evidencia científica, por lo que ya no es momento de profecías, sino de consecuencias, ante una sintomatología desoída negligentemente por más de medio siglo de economicismo puro y duro. Veamos las evidencias que hoy nos aporta la ciencia.

 

Los límites planetarios

 

El Stockholm Resilience Institute, en 2009, publicó un informe conocido como Planetary Boundaries (Fronteras Planetarias), detrás del cual está el respaldo de 28 reconocidos científicos, liderados por Johan Rockström. Este informe ha tenido ya tres actualizaciones (2015, 2023 y 2025; ver ACÁ). Las grandes conclusiones de estos informes son 3:

§  Nuestro planeta tiene límites claros, que el informe concreta en nueve.

§  Cada año, hemos venido acercándonos y traspasando cada uno de estos límites.

§  A 2025, ya habíamos traspasado peligrosamente 7 de esos 9 límites planetarios.

 

En resumen: HOY ESTAMOS AL BORDE DEL COLAPSO. Y, ante tal realidad, no se requiere ser un profeta y ni siquiera un científico, para darnos cuenta de las causas y consecuencias:

§  La causa raíz: nuestro modo de habitar este planeta es demencial. Y demencial es nuestro modelo economicista de crecimiento, que es el motor que ha alimentado dicho modo de habitar, visibilizado en lo que conocemos como la sociedad de consumo.

§  Las consecuencias: empezamos a padecer un entorno planetario cada vez más hostil para la vida y el bienestar, con una cascada de manifestaciones: climas extremos, contaminación multifuente, escasez hídrica severa, pérdida de biodiversidad, desertificación, desastres naturales, nuevas enfermedades y pandemias, conflictos por recursos, hambrunas…

 

Los límites humanos

 

Fácilmente olvidamos, producto de nuestra soberbia, que nosotros mismos somos seres altamente vulnerables, con límites igualmente muy sensibles. En su edición de octubre de 2009, National Geographic hizo un crudo inventario de los 9 límites biológicos del cuerpo humano. Son ellos:

§  Cuando la temperatura corporal alcanza los 42 °C, es imposible revertir la hipertermia y ésta será fatal.

§  A 4 oC en el agua, el cuerpo colapsa pasados 30 minutos, salvo un chaleco salvavidas que actúe como retardante.

§  En un edificio o mina en llamas, los adultos aguantan hasta 10 minutos a 150 °C y los niños sucumben pronto en un coche a 50 °C.

§  A gran altitud, la mayoría pierde la conciencia. Con pulmones más grandes y más glóbulos rojos, los montañeses lo toleran un poco mejor.

§  A más de 18 metros de profundidad en el agua, la mayoría de las personas se desvanece antes de 2 minutos. El mejor buzo libre llegó hasta 86 metros (las Fosas Marianas llegan hasta los 11.035 metros).

§  Sin respirar, usualmente se fallece antes de 2 minutos. Con entrenamiento, hay gente que contiene la respiración casi 11 minutos.

§  En caso de pérdida de sangre, se puede sobrevivir después de derramar 30 %. Con 40 %, se requiere una transfusión inmediata.

§  Si se pierde un 30 % del peso corporal por inanición, la muerte es inminente, aunque quizás una enfermedad actúe antes que el hambre.

§  Si no se remplaza el litro de agua que más o menos se pierde a diario, el cuerpo colapsa en poco más de una semana.

 

Y estamos hablando solo de nuestros límites biológicos, sin penetrar en el todavía poco conocido, complejo y asaz azaroso terreno de nuestros límites sicológicos. Solo esta pequeña muestra resulta suficiente para confrontarnos con nuestra más absoluta vulnerabilidad.

 

Otra frontera la constituyen los límites mínimos, ya no máximos, de las condiciones materiales y sociales para llevar una vida digna como seres humanos: vivienda, educación, salud, alimentación, protección, etc., los cuales empiezan a ganar protagonismo en la agenda pública por fortuna.

 

De ahí que resulte de una sencillez pedagógica y una solidez conceptual contundentes el modelo de Economía Donnut (economía rosquilla) ideado por la economista de Oxfort Kate Raworth (ver ACÁ). En esencia, como toda rosquilla, tiene un borde superior y uno inferior a su alrededor. Son los límites, máximos y mínimos, que todo modelo de desarrollo debe respetar. Son esos límites: a) superiores: los 9 límites ambientales o planetarios máximos ya mencionados; b) y mínimos: los 12 límites sociales mínimos requeridos para asegurar una vida digna. Este es el diagrama:

Fuente: Foro Económico Mundial

 

Es de un homo sapiens auténtico respetar los límites: del planeta, de la vida y de la condición humana. No hacerlo, como hemos venido haciéndolo sistemática y colectivamente, es de un homo demens. Así ha sido siempre. La diferencia sustancial estriba en que el ser humano contemporáneo ha extraviado colectivamente el rumbo y su tiempo se agota para retornar a las lógicas de la vida y de la evolución. Tenemos que tomar urgente consciencia de que nuestro estilo de vida y nuestro modelo económico son insostenibles, como bien lo expresa Boff: “[...] hay una aguda patología inherente al sistema que actualmente domina y explota el mundo: la pobreza, la desigualdad social, el agotamiento de la Tierra y el fuerte desequilibrio del sistema-vida”. Y complementa en el mismo escrito: “Para salir de esta situación trágica estamos llamados, de una manera muy real, a reinventarnos como especie” (ver ACÁ).

 

Ramiro Restrepo González

Junio de 2026

miércoles, 6 de mayo de 2026

¿QUÉ ENTENDEMOS POR DESARROLLO?

 

Hoy, como pocas veces en la historia, la humanidad se debate entre dos opciones básicas de entender el desarrollo:

 

De un lado, la visión que aún se mantiene como la opción dominante: el modelo economicista. Lo llamo economicista, porque su prioridad suprema es la riqueza económica. Su ley fundamental es la competencia y sus indicadores básicos son: la competitividad y el PIB. Su rasgo fundacional es una visión lineal de los procesos económicos: extraer, procesar, distribuir, consumir y desechar. Como tal, no es un modelo de desarrollo sino de crecimiento, si somos rigurosos. Y ha demostrado ser exitoso en eso: en producir crecimiento de la riqueza, un pensamiento cerradamente crematístico.

 

De otro lado, la visión emergente: el modelo de desarrollo sostenible. Lo llamamos sostenible porque, además de generar capital económico, se preocupa además por asegurar, en el proceso mismo, la generación de capital natural y de capital social, no como adendas (la vieja filantropía, ya anacrónica) sino como parte estructural del modelo. Es decir, es un concepto integral: riqueza económica, social y natural. Su ley fundamental es la cooperación —solidaridad, participación— y sus indicadores básicos son la equidad económica, el bienestar humano y social, y la salud de los ecosistemas naturales. La coloquialmente conocida como Comisión Stiglitz llevó estos indicadores a lo que podríamos llamar una visión ampliada del PIB, que ya se está implementando lentamente en la Unión Europea (ver ACÁ y ACÁ). Su rasgo fundacional, por tanto, no es el pensamiento lineal y depredador, sino el pensamiento complejo y regenerativo. De este modelo, sí podemos predicar con propiedad que produce desarrollo. Contra toda resistencia y escepticismo, está demostrando empírica y ampliamente tener un potencial de éxito superior al modelo economicista.

 

Debemos ser conscientes del contexto civilizatorio en el que esta disyuntiva de opciones se nos plantea. Para ello, basta preguntarse por los resultados que el modelo economicista ha producido. Yo elijo los siguientes, como los más protuberantes:

 

Ha generado un crecimiento sostenido de la riqueza de todos los países, lo que ha permitido elevar el nivel de vida de la población, que no necesariamente su calidad de vida.

 

El problema subyacente es que la distribución de la riqueza ha sido cada vez más inequitativa, produciendo ya unos niveles de concentración inmorales en una pequeña élite global. Basten dos cifras: a) “La riqueza conjunta de los cinco milmillonarios más ricos del mundo se ha duplicado con creces desde el inicio de la década actual, mientras que la riqueza acumulada del 60 % de la humanidad se ha reducido”, según informe presentado por Oxfam en la reunión del Foro Económico Mundial de Davos en 2024 (ver ACÁ).

 

Desde el punto de vista ambiental, los resultados no son menos desastrosos: “En los últimos 50 años (1970-2020), el tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre analizadas se ha reducido en un 73 %, según las mediciones del Índice Planeta Vivo (IPV)” del Fondo Mundial para la Vida Silvestre WEF (ver ACÁ).

 

En resumen: un modelo económico que produce riqueza para unos pocos, marginando a gigantescas y crecientes masas de población de los beneficios del “progreso” y que, de paso, destruye los ecosistemas y recursos naturales, por su voracidad productiva y su simplista pensamiento lineal de extraer-producir-distribuir-consumir y desechar.

 

Sé que se alzan muchas voces en defensa de muchos supuestos logros. Sí, el mundo ha avanzado en muchos aspectos. Y hasta los marginados reciben sus migajas, expresadas en subsidios y ayudas al desarrollo. Pero una realidad es contundente: en un análisis integral, el mundo, el planeta, la sociedad global, NO SON MEJORES HOY. Un dato resulta contundente y lo repito y recuerdo: según el Stockholm Resilience Centre, ya hemos traspasado, de manera demente e irresponsable, SIETE de los NUEVE límites planetarios (ver ACÁ). Es decir, nos estamos colocando peligrosamente al borde del colapso planetario como especie. Y esto es ciencia, no tremendismo apocalíptico. ¿La causa?: un modelo económico, el economicista, que ya ha traspasado todos los límites naturales del sistema Tierra. El dilema, entonces, es simple: o presenciar activa o pasivamente el colapso o cambiar nuestro modelo económico y nuestros estilos de vida de manera radical. Como bien titula Jordi Pigem su último libro: Conciencia o colapso (ver ACÁ).

 

Repetidamente me he preguntado, sin embargo: ¿por qué no se escuchan y atienden todas las alarmas?, ¿por qué no se impone rápidamente un modelo económico que sí produce desarrollo, no solo crecimiento, y que empíricamente está demostrando ser superior al modelo economicista vigente, aún en el terreno económico? Y he logrado encontrar algunas respuestas, que el lector seguramente complementará de manera prolija:

 

UNO: hay demasiados intereses particulares asegurados e involucrados en el modelo vigente, que se rehúsan a enfrentar un cambio que, como todo cambio, se presume incierto. Como sabiamente decía Martin Luther King, en su Carta desde la Cárcel de Birmingham: “Desgraciadamente, es un hecho histórico incontrovertible que los grupos privilegiados prescinden muy rara vez, espontáneamente, de sus privilegios” (ver ACÁ).

 

DOS: el modelo ha producido una cultura marcada por el individualismo, la competencia, la velocidad, el dinero, el éxito personal, el consumo y un largo y tóxico etcétera, que tomará tiempo y esfuerzo superar. No hemos entendido que ese modelo nos embarcó en una carrera de ratas en la que, aún si ganas, sigues siendo una rata (K. Blanchard). En resumen: el economicismo, ahora capitalismo digital, ha moldeado una visión del mundo y un tipo de pensamiento que son absolutamente contrarios a las leyes de la vida y de la naturaleza. Cambiar esto no va a ser fácil, porque implica el derrumbe de infinidad de paradigmas y de intereses individuales y mezquinos.

 

TRES: la persistente escasez de liderazgos. No nos bastan ya esos seres humanos luminosos, pero esporádicos, que hemos tenido (Gandhi, Luther King Jr., Mujica, Francisco, Boff, Mangabeira, el ya olvidado Schweitzer, etc.). Han sido los pioneros, que han marcado el camino. Pero, ahora, necesitamos formar masa crítica; y, para ello, se requerirá seguramente una nueva generación. Con la actual, y con el sistema educativo vigente, no soy optimista.

 

Todo cambio, para desencadenarse, necesita tres componentes: a) un revolucionario desarrollo tecnológico; b) una grave crisis; c) y un nuevo tipo de pensamiento. Observo que han ocurrido justo en ese orden; y que solo se configura un nuevo orden cuando se ha completado el ciclo: desarrollo tecnológico, crisis desatada por este y un nuevo tipo de pensamiento como respuesta.

 

Ahora bien, los desarrollos tecnológicos ya están sucediendo y a gran velocidad. ¿Pero quién los gobernará? Con o sin ellos, pienso que terminaremos en una crisis y aprendiendo de ella, como ha ocurrido repetidamente en la historia de la civilización. Quizás, desde esas profundidades, surja el nuevo tipo de pensamiento que la civilización requiere con urgencia para asegurar su pervivencia en el tiempo.

 

Un ejemplo concreto ilustra bien lo expresado hasta acá. Lo presentaré en tres cortos apartados, para concluir esta nota:

 

UNO:

Un grupo empresarial antioqueño, que se posicionó como emblema industrial de Antioquia y del país, a punta de pensamiento de vanguardia en sostenibilidad, innovación, calidad y servicio, sufrió una radical transformación durante el segundo trimestre de 2024. Una toma hostil, por parte de otros dos grupos de inversión, que desencadenó todo un proceso de transformación. Veamos la cara A (amable), la que se entrega a los medios masivos de comunicación. Y veamos la cara B (bochornosa), que permanece en la penumbra.

 

DOS: la cara A

§  El incremento en ventas, en 2025 con respecto a 2024, fue del 10.7 %, es decir, 5 puntos porcentuales reales por encima de inflación.

§  La utilidad neta ajustada —la que va al bolsillo de los nuevos flamantes propietarios mayoritarios— tuvo un incremento, 2025 versus 2024, del 126,6 %, equivalentes a 1,7 billones de pesos que, con el descuento de los gastos de reestructuración, quedó en 1,2 billones. Negocio redondo …

§  Como ven, un modelo economicista a pleno vapor. ¿A costa de qué? Veamos lo que no nos cuentan.

 

TRES: la cara B

§  Un agresivo adelgazamiento de la estructura: alrededor de 1200 empleados debieron salir entonces “voluntariamente” de la organización. Entre ellos, 650 situados en zonas económicamente vulnerables del país como el departamento del Cauca y la zona de Santa Marta. Y no precisamente por falta de rentabilidad de las unidades productivas en las que trabajaban; solo por simplificación productiva.

§  El cierre del laboratorio de investigación y desarrollo en nutrición, salud y bienestar más reconocido del país; un centro de producción científica que, en alianza con la academia, financiaba becas e investigaciones específicas en salud y nutrición, generando una contribución significativa al desarrollo científico del país, a la par que innovación para la compañía.

§  La reducción a su mínima expresión de su fundación empresarial, cercenando así la proyección social, que fue baluarte del Grupo por décadas. Cualquier parecido con el señor Trump no es coincidencia.

§  Y quedan por fuera del inventario, por falta de información, el grave deterioro del clima laboral interno, así como la fuerte pérdida de confianza en el segmento de consumidores informados que, por desafortunada realidad, no abundan en el país.

§  Como ven, un modelo interesante de desarrollo sostenible en construcción, que se ve arrasado por una toma hostil de voraces grupos de inversión. Es el choque perfecto de las dos visiones de desarrollo de que hablamos.

 

Bueno, y a eso llamamos progreso. Ustedes se formarán sus opiniones y llegarán a sus propias conclusiones. Pero, sobre todo, sabrán mejor qué opción de desarrollo asumir.

 

Ramiro Restrepo González

Marzo de 2026

lunes, 6 de octubre de 2025

¿Y LA CALIDAD HUMANA, LA CALIDAD DE VIDA Y LA CALIDAD ÉTICA?

Completamos ya un siglo hablando de CALIDAD. Desde el básico control de calidad, hasta los actuales modelos de excelencia en la gestión (ver, por ejemplo, el modelo NEIG[1], un excelente modelo de gestión, liderado por la Corporación Colombiana de la Calidad, quizás el mejor que conozco). En la siguiente gráfica, el lector podrá recorrer, de un solo golpe de vista, la historia de la calidad.


De acuerdo. Ha sido una historia tachonada de logros y avances. Y así estoy seguro que seguirá siendo. Con una sola observación quizás: en momentos disruptivos, como el que vivimos, el mejoramiento deja de tener vigencia y cede su paso a la innovación. En contravia, he visto organizaciones tan apegadas a sus modelos de gestión (procesos, protocolos, indicadores, requisitos, estándares…) que más parecen momias egipcias organizacionales: inamovibles, burocratizadas, rígidas y esclerotizadas. No les espera un buen final.

Pero mi pregunta va en otra dirección: ¿y la calidad humana, la calidad de vida y la calidad ética dónde han quedado en el campo de la gestión de organizaciones? Brillan sencillamente por su ausencia, excepto la hueca retórica de todos los tiempos. Pero poco o nada de marcos de actuación, de legislación y estándares susceptibles de verificación y evidencia. Además, con carácter vinculante. Todo ha venido quedando en el campo de la volátil buena voluntad. Mucho me temo que estos tiempos del voluntarismo y el buenagentismo están por terminar. Es curioso observar el inveterado desequilibrio de nuestra sociedad: casi toda la normativa social, y buena parte de la ambiental, es voluntaria, mientras que casi toda la normativa económica es vinculante, es decir, de obligatorio cumplimiento. Son tiempos ya caducos.

Y esto pone en el foco el sensible concepto de la libertad de empresa. Libertad, sí; pero ahora hablaremos de libertad responsable. Es decir, libertad con límites. Y esto no parece ser del gusto de muchos, por lo que el cambio no será posible sin presión externa. Así se lo plantea Joseph Stiglitz, premio nobel de economía, en reciente entrevista: “Si pudiera cambiar la conversación sobre lo que los republicanos llaman libertad —hacer lo que uno quiera sin importar las consecuencias—…”[2], confiesa con cierta desesperanza. Detrás de esta desesperanza está una larga historia de abusos y corrupción corporativa, que de tanto en tanto estalla en titulares en los medios. ¿Nos hemos preguntado cuántos abusos se han cometido en nombre de la libertad?

Pero detrás de esa desesperanza se esconde otra realidad más silenciosa, que pasa desapercibida para el ciudadano medio, a pesar del altísimo costo social y ambiental que significa. Se trata de lo que los economistas denominan hace rato como externalización de costos. Algo tan elemental como aquellos costos (sociales, económicos y ambientales) que los empresarios eluden, trasladándolos, o bien al cliente, o bien a la comunidad. Ejemplos muy simples de ello: a) contaminamos las aguas en nuestros procesos productivos, pero las devolvemos a la red pública sin tratarlas, para que la sociedad se haga cargo de recuperarlas; b) invadimos los espacios públicos con publicidad que, muchas veces, está plagada de estereotipos, sesgos culturales y mensajes adictivos…, sin preocuparnos de su impacto cultural negativo, lo que ya los expertos denominan nuestro brain footprint, que es tal vez la contaminación más perversa que conozco.

Conclusión:

No, la libertad no puede seguir obedeciendo al ideal trumpista republicano. La libertad hay que ejercerla dentro de límites, y esos límites son hoy más perentorios que nunca, dada la policrisis social y planetaria que hemos causado por precisamente excederlos sistemáticamente a lo largo ya de centurias. Nuestro modelo económico y nuestro contrato social vigentes urgen reformas de fondo en esta dirección. Tendremos entonces más calidad de vida que nivel de vida, más calidad humana que calidad tecnocrática y más ética que retórica.

RamiroR.

Octubre de 2025


[1]    Premio Nacional a la Excelencia y la Innovación en la Gestión. Ver ACÁ.

[2]    Herrera-Beaumont, E. «Tenemos ahora una oligarquía destruyendo las reglas del juego». Ethic, España.           Septiembre 8 de 2025. Ver ACÁ.