jueves, 22 de octubre de 2026

FINAL DEL RÉSPICE POLUM

 

A partir de la firma del tratado Urrutia-Thompson (2014), por el cual se “cicatrizaba” la herida de la separación de Panamá, en las relaciones binacionales con la joven potencia expansionista estadounidense, “los gobiernos colombianos asumieron una posición de subordinación incondicional a Estados Unidos, país que ya se perfilaba como nueva potencia regional”, según reseña  el historiador César Bermúdez (ver ACÁ).

 

Esa subordinación geopolítica se materializó en la doctrina denominada Respice Polum (Mira hacia el polo —norte—), formulada durante el mandato del presidente Marco Fidel Suárez (1918-1921), y que regiría las relaciones internacionales de Colombia a lo largo de casi todo el siglo XX. Pues, si bien, a partir de los años 80, se dio paso a una mayor apertura, la relación binacional con los Estados Unidos ha seguido siendo hasta hoy el eje estructurante del comercio y las relaciones internacionales de nuestro país. Diversas misiones estadounidenses consolidaron esta influencia en la educación, la economía, las telecomunicaciones y todas las esferas de la política pública colombiana. Y lo hicieron, además, recogiendo de manera funesta la benéfica influencia europea previa.

 

Ahora, finalmente, estamos asistiendo al  natural declive definitivo de la influencia estadounidense en el concierto de naciones, lo cual nos incluye sin duda, y el presente gobierno no podrá cambiar lo que es una tendencia global. Es el final del Respice Polum, como lo hemos conocido. Vendrá ahora el Respice Alios (Mira a los otros), aunque no sepamos bien a quién  o a quiénes. Las señales son suficientemente claras y las concreto en al menos cinco.

 

Primera señal: la decadencia de Estados Unidos

 

La primera y más importante de todas. Los Estados Unidos iniciaron hace unos años su declive —definitivo, a mi modo de ver— como potencia geopolítica y geoeconómica. Son ya una infinidad las señales que lo confirman:

§  En los últimos 10 años (2016-2025), el crecimiento de su PIB ha mostrado un promedio del 2,43 %, lo cual contrasta con un promedio mundial del 2,82 % para el mismo período, un proyectado 3 % para 2026 (FMI), y un 5,75 % de China (2015-2024). Los Estados Unidos representan hoy el 15 % del PIB mundial lo que, entre otras cosas, le otorga poder de veto en organismos como el FMI; pero, según Piketty, ese porcentaje caerá al 10 % en una o dos décadas, perdiendo de paso dicho poder de veto (ver ACÁ).

§  El florecimiento tecnológico, industrial y económico de los Estados Unidos, que se vio apalancado por un torrente inmigratorio de personas altamente calificadas —los mejores cerebros de su época—, ve ahora con preocupación una creciente fuga de cerebros, como jamás la imaginó. Así lo reconocen ya sus legisladores: “El problema de la fuga de cerebros se ha convertido en una importante preocupación económica para los legisladores estatales y locales en las últimas décadas” (ver ACÁ). Y esta tendencia se agudiza cada vez más, producto de varios factores: recortes severos a la financiación pública para programas, proyectos y centros de investigación, agresiva política antiinmigración, cancelación masiva de becas, intervención ideológica en los procesos de publicación, etc. Todo ello ha convertido a China y Europa en los centros de atracción mundial de las mejores mentes de la humanidad.

§  La fractura unilateral del orden multilateral y la imposición unilateral de barreras comerciales han tornado a los Estados Unidos en un socio poco confiable en el concierto de naciones. De su condición de árbitro en las relaciones internacionales, ha pasado a ocupar el puesto de mal perdedor, consciente de su desventaja, pero incapaz de asumirla.

§  Y agreguemos a ello una decadencia cultural que ya brilla por lo cursi de relatos nacionalistas como MAGA, y un sueño americano convertido en la peor pesadilla para millones de ciudadanos estadounidenses y de inmigrantes confiados.

 

Segunda señal: el ascenso de China

 

Ya señalé el soberbio ritmo de crecimiento del PIB de China. Como van las tendencias, será cuestión de una década, para verla posicionarse como la primera potencia económica mundial (ver diferentes pronósticos ACÁ, ACÁ, ACÁ y ACÁ). Aunque es de anotar que, por paridad de poder adquisitivo (PPA), el PIB chino ya es superior al de Estados Unidos hace algunos años.

 

Una razón central de este relevo geoeconómico global estriba en que el crecimiento económico de los Estados Unidos se ha apalancado en el consumo, una variable siempre efímera e inestable, mientras que el de China se ha apalancado en la inversión, una variable estable y multiplicadora (ver ACÁ).

 

Otros datos resultan contundentes: a) en transición energética, China ya es líder mundial indiscutido (ver ACÁ y ACÁ), mientras los Estados Unidos se aferran, de manera suicida, a los combustibles fósiles (ver ACÁ y ACÁ); b) la Oficina de Propiedad Intelectual de la República Popular China (CNIPA) ya triplica en registros anuales a la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos (USPTO) (ver ACÁ); c) China casi duplica, en graduación anual de doctores (PhD), a Estados Unidos, especialmente en áreas de ciencias básicas, matemáticas, ingenierías y tecnología (ver ACÁ). Y así podríamos seguir el inventario de ventajas competitivas.

 

Tercera señal: el ascenso de India

 

Lo primero es señalar que India ya es, desde 2023, el país más poblado del planeta: 1478 millones de habitantes, frente a 1412 de China. Además de eso, ya tiene tecnología espacial, armamento y tecnología nucleares; y es parte, junto con China, del bloque comercial BRICS, cuyo PIB conjunto representa el 40 % del PIB mundial. Ahora adelanta, además, una agresiva política para pasar, de ser un proveedor de mano de obra barata en el desarrollo de software y el procesamiento de datos, a convertirse en un actor relevante en tecnología digital e inteligencia artificial.

 

Cuarta señal: el ascenso musulmán

 

Empecemos por decir que ya el islam es la primera religión, con un estimado de 2000 millones de fieles, casi la cuarta parte de la población mundial, lo que se compara con los 1422 millones de fieles católicos. Y, mientras el catolicismo escasamente logra mantener sus cifras, el islam ha venido hace algunos años en plena expansión. Algunos se consuelan señalando que el cristianismo sigue siendo la religión mayoritaria, con sus 2600 millones de fieles, pero eso no deja de ser una entelequia estadística, toda vez que, bajo ese rótulo genérico, se encuentran enfoques tan dispares como evangélicos, ortodoxos, anglicanos, católicos y decenas de otras confesiones.

 

Y, en el terreno geopolítico, una estéril guerra, de más de seis meses, se ha encargado de demostrar, además, que el utilitarismo gringo se estrella torpemente contra el muro infranqueable del integrismo islámico, y que lo único que mantiene a las partes en pie de guerra es la incapacidad de encarar la vergüenza de la derrota por la contraparte estadounidense. El pulso que Lepanto inclinó a favor de Occidente en el siglo XVI podría estar inclinándose esta vez a favor del Oriente milenario.

 

Quinta señal: el surgimiento de bloques de contrapoder

 

Hace 20 años (2006), vimos surgir el bloque de los BRIC, una alianza de Brasil, Rusia, India y China. Luego serían los BRICS, con la adhesión de Suráfrica en 2010. Y hoy, aunque conservan su acrónimo, ya son un bloque de 11 países (ver su portal oficial ACÁ).

 

Este pequeño bloque (por el número de socios) representa ya el 40 % de la economía mundial, medido en paridad de poder adquisitivo (PPA) y cerca de un tercio en términos de valor de mercado. Y ya tienen su propio banco, el Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS (NBD BRICS), cuyo objetivo es ser un actor relevante dentro de la banca multilateral (BM, BID, CAF, BAfD, BCIE y otros). Pero esos tecnicismos no ocultan la clara realidad de que estas potencias emergentes y sus aliados están representando ya un contrapoder geoeconómico significativo en el complejo ajedrez del poder mundial.

 

No la tiene fácil, pues, la vieja visión del Respice Polum, para hacer valer la rabiosa proclama neocolonial del señor Trump —“Hacemos lo que queremos en el hemisferio (occidental), porque pertenece a EE. UU” (ver ACÁ)—, que ha repetido obscenamente en todos los escenarios posibles.

 

El imperio romano, todo parece indicar, se disolvió silenciosamente. Pero, esta vez, todo parece augurar que el imperio estadounidense caerá ruidosa y violentamente. Cuestión de estilos. Y quizás no debamos esperar algo mejor de la sociedad del consumo y el espectáculo.

 

Ramiro Restrepo González

Agosto de 2026

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