lunes, 22 de junio de 2026

¿ESPIRITUALIDAD O NEGOCIO?

 

En una reciente gira por capitales europeas, me llamó poderosamente la atención un fenómeno religioso: ver cómo las iglesias han ido migrando definitivamente, de ser centros de culto a ser centros de negocios.

 

Así, pude observar cómo, especialmente en algunas ciudades, ya no se trata únicamente de comprar un tiquete y adicionar una audioguía, para conocer un templo, en horarios separados de los del culto, como ocurría anteriormente. Me ha parecido una práctica que, bien delimitada, puede convivir con el culto y permitir que el turista aporte al funcionamiento y conservación de muchas joyas arquitectónicas, verdaderos recintos de arte religioso. Así, aunque recuerdo haber visitado Notre Dame, cuando era impensable cobrar por la visita, ahora el gobierno francés sigue insistiendo en establecer una tarifa de ingreso, después de la costosa refacción derivada del incendio de 2019.

 

Esta vez, en muchas otras ciudades, me encontré con una abrumadora oferta comercial de primer nivel, que ha desplazado el culto y que incluye diversos elementos: a) conciertos, con varias presentaciones diarias en cada iglesia, obviamente con abono, en las que, por alguna razón, Vivaldi, el cura rojo, sin ser nativo, era el personaje central en casi todas ellas, con sus Cuatro estaciones; b) almacenes de artículos religiosos y culturales dentro del recinto, con toda clase de productos y fetiches religiosos, pero también suvenires, libros, música y otros; c) pequeños museos, con tiquete adicional; d) sitios específicos de considerado alto valor turístico, como torres y criptas, con tiquete adicional. Agregando a todo lo anterior los clásicos portavelas, con su consiguiente urna para depositar el pago respectivo; y, para rematar, otras urnas, estratégicamente ubicadas a la salida, acompañadas de un “humilde” letrero solicitando donaciones para el sostenimiento del templo.

 

Pero de espacios de oración, meditación, contemplación…o siquiera rituales religiosos, más bien poco o nada. Visité muchos templos católicos, y algunos judíos y musulmanes. Lo que narro lo encontré más en los católicos. Y solo en uno de ellos encontré a un sacerdote celebrando la eucaristía católica, en un idioma que me hizo recordar la época en la que, de espaldas y en latín, se les ofrecía a las personas el “contacto” con los grandes dogmas y creencias de dicha religión. En este caso, se trataba de una lengua urálica, muy lejana a nuestra familia romance. En resumen: encontré más vendedores que ministros en los templos y, cuando menos, me pareció un fenómeno que ha tomado suficiente fuerza como para marcar tendencia.

 

Me quedaron muchas preguntas: a) ¿ante la decadencia de figuras como el diezmo, y de los ingresos por servicios religiosos, la iglesia católica ha preferido migrar a la venta de servicios turísticos y culturales?; b) ¿ante el decaído ritual religioso, bienvenido el ritual del consumo?; c) ¿está la iglesia católica repitiendo la escena aquella en la que el llamado Jesús de Nazareth entró en el templo y, ante el espectáculo de vendedores y cambistas, les espetó airado: “Mi casa es casa de oración y vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones”? (Mateo 21, 12-13).

 

No sé. El turismo debe tener su espacio. Pero la espiritualidad también. Y percibo que, entre la religiosidad y el consumo, la espiritualidad está naufragando, y paradójicamente en los recintos de las grandes religiones. ¿O es que las religiones siempre fueron eso: centros de poder y de acumulación de riqueza?, ¿que, en consecuencia, solo estamos viendo un cambio de métodos, pero no de objetivos?

 

Un dato reciente puede resultar suficientemente rotundo: según la Conferencia Episcopal Española (CEE), la reciente visita de León XIV a España ha significado un beneficio de € 150 millones (US$ 172.4), frente un costo estimado en € 25 millones (US$ 28.7), es decir, un rendimiento de 6 a 1. Ver ACÁ. Fabuloso negocio, del que se benefician, entre otros, la iglesia católica, en primer lugar, seguida de la monarquía española y toda la red empresarial afín al turismo: hostelería, transporte, comercio… Para dimensionar las cifras, bien valen las comparaciones: el último megaconcierto de Shakira en Río de Janeiro, que batió todos sus récords anteriores y con el que superó a Madonna y a Lagy Gaga. Así lo reportaron los medios: “Se estima que el evento generó cerca de 800 millones de reales, equivalentes a unos 160 millones de dólares”. Ver ACÁ. No queda duda: la celebrity más rentable hoy vive en el Palacio Apostólico de Ciudad del Vaticano, y la religión ha ido dejando de ser una pretendida ruta hacia la espiritualidad y se está convirtiendo en un espectáculo de consumo.

 

Mucho me temo entonces que sí, que asistimos a un fenómeno de mercantilización de lo humano más sagrado: su dimensión trascendente y espiritual. Y lo estamos haciendo de una manera frívola y fiestera, por demás. Así que un debate contemporáneo serio sobre espiritualidad y religión podría aportar mucho al respecto.

 

Ramiro Restrepo González

Mayo de 2026

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