¿ESPIRITUALIDAD O NEGOCIO?
En una
reciente gira por capitales europeas, me llamó poderosamente la atención un
fenómeno religioso: ver cómo las iglesias han ido migrando definitivamente, de
ser centros de culto a ser centros de negocios.
Así, pude
observar cómo, especialmente en algunas ciudades, ya no se trata únicamente de
comprar un tiquete y adicionar una audioguía, para conocer un templo, en
horarios separados de los del culto, como ocurría anteriormente. Me ha parecido
una práctica que, bien delimitada, puede convivir con el culto y permitir que
el turista aporte al funcionamiento y conservación de muchas joyas
arquitectónicas, verdaderos recintos de arte religioso. Así, aunque recuerdo
haber visitado Notre Dame, cuando era impensable cobrar por la visita, ahora el
gobierno francés sigue insistiendo en establecer una tarifa de ingreso, después
de la costosa refacción derivada del incendio de 2019.
Esta vez,
en muchas otras ciudades, me encontré con una abrumadora oferta comercial de primer
nivel, que ha desplazado el culto y que incluye diversos elementos: a)
conciertos, con varias presentaciones diarias en cada iglesia, obviamente con
abono, en las que, por alguna razón, Vivaldi, el cura rojo, sin ser nativo, era
el personaje central en casi todas ellas, con sus Cuatro estaciones; b)
almacenes de artículos religiosos y culturales dentro del recinto, con toda
clase de productos y fetiches religiosos, pero también suvenires, libros,
música y otros; c) pequeños museos, con tiquete adicional; d) sitios
específicos de considerado alto valor turístico, como torres y criptas, con
tiquete adicional. Agregando a todo lo anterior los clásicos portavelas, con su
consiguiente urna para depositar el pago respectivo; y, para rematar, otras
urnas, estratégicamente ubicadas a la salida, acompañadas de un “humilde”
letrero solicitando donaciones para el sostenimiento del templo.
Pero de
espacios de oración, meditación, contemplación…o siquiera rituales religiosos,
más bien poco o nada. Visité muchos templos católicos, y algunos judíos y
musulmanes. Lo que narro lo encontré más en los católicos. Y solo en uno de
ellos encontré a un sacerdote celebrando la eucaristía católica, en un idioma
que me hizo recordar la época en la que, de espaldas y en latín, se les ofrecía
a las personas el “contacto” con los grandes dogmas y creencias de dicha
religión. En este caso, se trataba de una lengua urálica, muy lejana a nuestra
familia romance. En resumen: encontré más vendedores que ministros en los
templos y, cuando menos, me pareció un fenómeno que ha tomado suficiente fuerza
como para marcar tendencia.
Me quedaron
muchas preguntas: a) ¿ante la decadencia de figuras como el diezmo, y de los
ingresos por servicios religiosos, la iglesia católica ha preferido migrar a la
venta de servicios turísticos y culturales?; b) ¿ante el decaído ritual
religioso, bienvenido el ritual del consumo?; c) ¿está la iglesia católica
repitiendo la escena aquella en la que el llamado Jesús de Nazareth entró en el
templo y, ante el espectáculo de vendedores y cambistas, les espetó airado: “Mi
casa es casa de oración y vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones”?
(Mateo 21, 12-13).
No sé. El
turismo debe tener su espacio. Pero la espiritualidad también. Y percibo que,
entre la religiosidad y el consumo, la espiritualidad está naufragando, y paradójicamente
en los recintos de las grandes religiones. ¿O es que las religiones siempre
fueron eso: centros de poder y de acumulación de riqueza?, ¿que, en consecuencia,
solo estamos viendo un cambio de métodos, pero no de objetivos?
Un dato
reciente puede resultar suficientemente rotundo: según la Conferencia Episcopal
Española (CEE), la reciente visita de León XIV a España ha significado un
beneficio de € 150 millones (US$ 172.4), frente un costo estimado en € 25
millones (US$ 28.7), es decir, un rendimiento de 6 a 1. Ver ACÁ. Fabuloso negocio, del que se benefician,
entre otros, la iglesia católica, en primer lugar, seguida de la monarquía
española y toda la red empresarial afín al turismo: hostelería, transporte,
comercio… Para dimensionar las cifras, bien valen las comparaciones: el último
megaconcierto de Shakira en Río de Janeiro, que batió todos sus récords
anteriores y con el que superó a Madonna y a Lagy Gaga. Así lo reportaron los
medios: “Se estima que el evento generó cerca de 800 millones de reales,
equivalentes a unos 160 millones de dólares”. Ver ACÁ.
No queda duda: la celebrity más rentable hoy vive en el Palacio
Apostólico de Ciudad del Vaticano, y la religión ha ido dejando de ser una
pretendida ruta hacia la espiritualidad y se está convirtiendo en un
espectáculo de consumo.
Mucho me
temo entonces que sí, que asistimos a un fenómeno de mercantilización de lo
humano más sagrado: su dimensión trascendente y espiritual. Y lo estamos
haciendo de una manera frívola y fiestera, por demás. Así que un debate
contemporáneo serio sobre espiritualidad y religión podría aportar mucho al
respecto.
Ramiro
Restrepo González
Mayo de
2026

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