EL PARAÍSO DE LA INEQUIDAD
Punto 1: es de Pedro Grullo que, sin riqueza, no hay
bienestar y desarrollo.
Punto 2: es evidente que las empresas y organizaciones
son actores fundamentales en la creación de riqueza; y, por lo tanto, potencialmente
creadoras de bienestar y desarrollo.
Punto 3: pero es claro, además, que solo una porción
de empresarios y dirigentes está demostrando su capacidad de producir riqueza
sin generar depredación ambiental e inequidad social. Una gran proporción de
ellos genera riqueza de una manera egoica, irresponsable y depredadora social y
ambientalmente.
En conclusión:
No se puede sostener la defensa de
la riqueza y de los empresarios y dirigentes sin separar con claridad los dos
grupos. Son todas estas realidades respaldadas en abundante y rigurosa
evidencia estadística e investigativa. Voy a ofrecer tres grupos de evidencias
que muestran la aberrante proporción de empresarios que conducen sus negocios
de manera irresponsable y hasta delictuosa, causando con ello un enorme daño en
el capital social y natural de nuestras sociedades.
PRIMERO: LA EVASIÓN FISCAL
La última amnistía del gobierno
colombiano, para capitales no declarados, especialmente en el exterior, dio
como resultado que “El
40 % de las personas que hacen parte del 0,01 % con más riqueza del país
admitió haber evadido impuestos […] Cada año, la evasión en Colombia equivale
al 8 % del PIB, cerca de 130 billones (¿10 reformas tributarias?)” (ver ACÁ, paréntesis nuestro). Seamos claros: 40 % de tramposos
no es una minoría, marginal y disimulable. Es una vergüenza mayúscula.
Mención aparte merecen los paraísos
fiscales. Al respecto, un reporte de Oxfam Colombia (2024) lo retrata
lapidariamente en unas pocas cifras crudas: “En la última década (desde
2012), uno de cada tres dólares de entrada o salida de inversión hacia o desde
Colombia pasan por un paraíso fiscal. En lo que va del año 2024, un 26% de la
inversión de Colombia en el exterior se ha dirigido hacia Panamá, territorio
que ha estado en el corazón de una de las filtraciones de investigación
periodística más relevantes de todos los tiempos (Panama Papers) y que,
aún hoy en día, es considerado un paraíso fiscal incluso en la lista de la
Unión Europea” (ver ACÁ).
Es una situación crónica, que se suma
a la cascada de beneficios tributarios, la incalculable elusión fiscal y los
sistemáticos recortes impositivos liderados por los gobiernos de extrema
derecha en todo el mundo (Trump, Ayuso, Meloni, Milei, Orban, entre los más
vistosos), que solo benefician a los ricos. De esa manera, la dolorosa paradoja
es que los superricos terminan pagando menos impuestos que los pobres: así lo
documenta Oxfam, en informe sobre evasión y desigualdad en Colombia: “…hasta
2021 […] por cada dólar de ingreso, las personas en el 50 % más pobre
pagan en realidad alrededor de 21,1 centavos en impuestos […] Mientras que las
personas del 1 % más rico pagan poco menos de 17 centavos en impuestos por
cada dólar de ingreso” (ver ACÁ).
Una de tantas razones es clara: impuestos regresivos, como el IVA, que no son
evadibles por los pobres, pero sí por los ricos.
SEGUNDO: LOS
SUBSIDIOS ENCUBIERTOS A LOS RICOS
El llamado Sur
Global subsidia anualmente al Norte Desarrollado en una porción importante de
riqueza, que impulsa a estos y atrasa a aquellos. Estas silenciosas
transferencias se dan gracias a la inequidad del comercio mundial, que
normaliza unos precios y salarios inferiores en el sur, con respecto al norte:
“Dado que los salarios y el precio de los recursos naturales son mucho más
bajos en el Sur Global que en el Norte, los países pobres deben exportar muchas
más unidades de trabajo incorporado y recursos que lo que ellos importan con el
fin de tener un comercio balanceado en términos monetarios”, concluyen
investigaciones serias (ver ACÁ).
Además, el
autor del escrito citado afirma —en
investigación publicada en la revista New Political Economy— que, una vez
cuantificado el drenaje de recursos sur-norte, desde 1960, “la apropiación mediante
intercambios desiguales representa hasta el 7 % del PIB del Norte y el 9 % del
PIB del Sur” (ver ACÁ), en una tendencia que se ha venido
agravando con los años. Son las sutiles formas de esclavismo que perviven en pleno
siglo XXI: los pobres trabajando gratis para los ricos.
TERCERO: LA
ASIMETRÍA DE LA DOMINACIÓN
Como si esas dos poderosas fuentes
de apropiación de riqueza, en desmedro de las mayorías mundiales, no fueran
suficientes, sumemos en tercer lugar los esquemas de dominación ignominiosos
que las potencias económicas se han encargado de forjar e imponer. Son múltiples,
pero quiero referenciar el más ignominioso de todos: el arbitraje internacional
de inversión (AII): “un mecanismo mecanismo
de solución de conflictos creado para tratar las controversias entre
inversionistas extranjeros y Estados receptores”. En apariencia, un mecanismo
transparente, justo y necesario, para proteger la inversión extranjera de
cualquier arbitrariedad de un gobierno de turno. Pero que, en la práctica, ha
demostrado ser un mecanismo de chantaje internacional contra Estados débiles
del sur. Veamos:
§
Dicho mecanismo es impuesto por las grandes
economías a las pequeñas, a través de infinidad de tratados internacionales
como los tratados “bilaterales” de inversión (TBI) y los tratados de “libre”
comercio (TLC). Uso comillas porque, en la práctica, ni son bilaterales, ni son
libres. Colombia, por ejemplo, tiene incluido dicho mecanismo en 18 de sus
tratados vigentes; es decir, ha hipotecado y subordinado los intereses de su
desarrollo interno, a los intereses de dichos inversores foráneos.
§
A la fecha, Colombia enfrenta 21 demandas
internacionales bajo este mecanismo, y otras 7 que aún están en etapa
prearbitral, las cuales suman col$ 42 billones de pesos (ver ACÁ),
convirtiendo al país en uno de los países más demandados de la región por este
concepto.
§
Es necesario entender que dichas demandas se
originan porque cualquier inversor considera que una nueva legislación del país
receptor afecta sus intereses. Y esto ha ocurrido en múltiples situaciones de legislación
sobre protección ambiental, transición energética, regulación laboral, etc. Por
lo que, por esta vía, los países receptores de inversión extranjera, como
Colombia, claudican su soberanía legislativa y se ven obligados a crear islas
de privilegios, para proteger los intereses de unos inversores que ponen sus
intereses por encima del bien común.
§
Y lo más aberrante: el ejercicio de dichas
demandas de arbitraje ha sido totalmente unilateral por parte de los inversores.
§
Para quienes necesiten más pruebas: en 2021, la
minera suiza Glencore, propietaria de Cerromatoso, demandó por tercera vez a
Colombia por una decisión de la Corte Constitucional, que le exigió “poner en
marcha, de forma inmediata, medidas de prevención, mitigación, control,
compensación y corrección de los impactos sociales y ambientales del
proyecto" (ver ACÁ),
todos los cuales han afectado históricamente a la población ancestral Wayúu.
Razón les
asiste a 220 economistas y académicos, en carta que han dirigido al presidente
de Colombia recientemente, y en la cual lo invitan a “iniciar el retiro de
Colombia del arbitraje de inversión y a impulsar una alianza más amplia de
países comprometidos con desmontar este sistema” (ver ACÁ).
En
conclusión:
Es hora de ir poniendo sobre la mesa de la agenda pública el debate sobe las verdaderas causas la pobreza. Esta no es gratuita, natural ni tolerable. Ha sido ocasionada deliberada y sistemáticamente por los poderosos, para construir su prosperidad a costa del bien común (depredación natural) y del bienestar de las inmensas mayorías humanas (inequidad). Todo ello, basado en una visión del poder como dominación y no como servicio; y en un orden mundial basado en la competitividad y no en la cooperación. La inequidad se ha convertido, así, en un calvario para los pobres y en un paraíso para los poderosos.
Ramiro
Restrepo González
Marzo de 2026

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