HABILIDADES... ¿BLANDAS?
Sin lugar a dudas, el concepto de habilidades blandas sigue
de moda en la jerga gerencial. Si alguna vez tuvo validez, lo que no comparto,
hoy resultaría un exabrupto. Con tal término, se alude a un conjunto muy
heterogéneo de capacidades humanas, clasificadas como socioemocionales:
comunicación, relacionamiento, trabajo en equipo, adaptabilidad, etc., todas
ellas relacionadas con lo que también se conoce como inteligencia emocional.
Para comenzar, no son habilidades. Toda habilidad (homo
habilis) se refiere a la capacidad de utilizar herramientas. Las
habilidades, por tanto, pertenecen al terreno del funcionamiento mecánico
(hipotalámico) del ser humano. La esfera socioemocional pertenece, por el
contrario, a la esfera del funcionamiento límbico. Y, aunque el ser humano es
un todo integrado en su funcionamiento, es bien claro que el modelo de desarrollo
industrial hipertrofió el funcionamiento mecánico del ser humano, reduciéndolo así
a un mero apéndice de la máquina (otra herramienta más, como está comenzando ya
a suceder de nuevo con la IA). Para comenzar, entonces, hablemos mejor de
capacidades humanas. Que eso es el sapiens (posterior al habilis):
una caja de capacidades, al servicio de un universo infinito de potencialidades
y posibilidades. Hablemos entonces de capacidades socioemocionales.
Pero, aun así, no funciona hoy hablar de capacidades
socioemocionales como guía para la mejor efectividad del trabajo y de las
organizaciones. La lógica es muy simple: para que una estrategia o variable de
gestión resulte efectiva, debe ser funcional al sistema dentro del cual opera.
Y las capacidades socioemocionales son antifuncionales en el actual sistema
económico. Un ejemplo basta para sellar el debate: esperar que ser compasivo y
ser competitivo sean compatibles es absurdo. O se compite, y ferozmente, como
lo exige la dinámica del modelo economicista vigente —del mercado, para ser más
precisos—, o se es compasivo y se funciona dentro de otro modelo, el
cooperativo. Competir es pasar por encima del contrincante; ser compasivo es
correr con él y ayudarle si lo requiere, cooperar, servir. En mi opinión, las
capacidades socioemocionales son tan ineficaces, dentro del modelo económico
vigente, que los actores de este, sabiéndolo, las predican o toleran, para
proyectar una imagen decente de un sistema, que ya es notoriamente indecente.
Como dijera T. S. Eliot, “La última tentación es la mayor de las traiciones:
obrar bien por malos motivos” (ver ACÁ). O, como agudamente anota Byun-Chul Han, “También se han
descubierto las emociones en el nivel de la gestión empresarial, porque la
gestión emocional es mucho más profunda, de modo que con ella se puede explotar
más a fondo”[1].
Invito, entonces, a que nos sinceremos y dejemos de
hablar de esa pendejada de habilidades blandas o socioemocionales. Por esa vía,
no llegaremos jamás al desarrollo humano profundo ni al desarrollo del
auténtico liderazgo en las organizaciones.
Desde otro ángulo, encuentro pertinente aportar otra
reflexión. El concepto de habilidades blandas, en contraposición del concepto
de habilidades duras, se me parece bastante a la manida muletilla cultural del
sexo débil. ¿Cuál sexo débil?: ¿el masculino? Porque lo que es la mujer ha
demostrado científicamente tener mejor dotación para sobrevivir en condiciones
adversas: más reservas en su organismo (biología), más resiliencia en su
espíritu (sicología), más capacidad de cooperación con su entorno (empatía, relaciones
sociales). Gandhi, con su enfoque no violento de resistencia pacífica (supuesta
competencia blanda), liberó a la India sin disparar un solo cañón (supuesta
competencia dura). Caso gemelo al de Mandela, quien lo adoptó, para liberar a
Suráfrica de la opresión racial. Y similar situación se repitió en Brasil,
único país de América que no pasó por una guerra de independencia. Y, ambos, India
y Brasil, entre los territorios más grandes de nuestra geografía.
Después de la ola de las habilidades blandas, nos
empezó a llegar otra ola: las habilidades STEM, el acrónimo anglosajón de Science, Technology,
Engineering y Maths. En un horizonte tecnologizado y dominado por la IA, ese
modelo deslumbró al sistema educativo a lo largo y ancho del mundo. Su brillo,
sin embargo, duró menos de una década. Terminamos dándonos cuenta de que no era
otra cosa que un refinamiento de la visión mecanicista del trabajo humano. En
un informe de 2025, el Foro Económico Mundial retorna a los equilibrios
perdidos, con gran sentido de pragmatismo.
En efecto, si revisamos los detalles del informe The Future of Jobs Report 2025 (ver ACÁ), observamos que las mal denominadas habilidades blandas vuelven a encabezar el rankin, compartiendo de tú a tú con las consideradas habilidades duras. Así lo podemos leer en su página 40: “el cuadrante superior derecho destaca las habilidades que ya son fundamentales en las organizaciones actuales y se prevé que sigan creciendo rápidamente. Habilidades como la IA y el big data (D); el pensamiento analítico (B); el pensamiento creativo (B); la resiliencia (B), la flexibilidad (B) y la agilidad (D); y la alfabetización tecnológica (D) no solo se consideran cruciales ahora, sino que se prevé que adquieran una importancia aún mayor”. Entre paréntesis, indiqué el carácter de cada una: dura (D) o blanda (B). Como se ve, las llamadas habilidades blandas superan ya o, como mínimo, igualan a las llamadas STEM.
Un poco más conciliador este informe,
aunque sigue hablando de soft y de hard skills. Nuestro punto es
que esa es una visión anacrónica, anclada en la visión taylorista del trabajo
humano. De lo soft, ya he dicho que pienso. De lo hard, sea
repetir que se trata de habilidades instrumentales periféricas,
circunstanciales, que utilizan una pequeñísima parte de la capacidad del ser
humano (funcionar, operar, memorizar, razonar…), justos aquellas en las que la
IA nos barrerá en pocos años del escenario. En lugar de centrarnos en lo que
nos hace verdaderamente humanos: nuestras capacidades esenciales: sentir, imaginar,
soñar, desear, amar, afiliarse, trascender…, todas las cuales implican al ser
humano de manera profunda e integral. ¡Cuán difícil es superar el paradigma
mecanicista que soporta el modelo económico igual, economicista como he dicho.
Ramiro Restrepo González
Febrero de 2026

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