SOÑÉ CON EL FIN DE LOS IMPERIOS
En la noche más plácida que haya disfrutado en mi vida, con tan intensa
fruición que aún sigue acompañándome, soñé con una sociedad global sin
imperios. Vi quedar atrás, en el amarillento álbum familiar de la historia
humana, las imágenes de los imperios asirio, romano, persa, mongol, otomano,
maya, azteca, chino, estadounidense, ruso… Un interminable repertorio de abusos,
ambiciones, desmesuras, guerras y poder, detrás de un falaz ideal de desarrollo,
social y ambientalmente depredador.
Entendí claramente que los imperios han sido hijos de la ambición y la
ignorancia, las dos expresiones más claras de la inmadurez de nuestra especie.
Y que, en una sociedad global, ya en su edad adulta, madura y civilizada, los
imperios sencillamente se habían vuelto innecesarios. Sapiens, al fin.
Con todos los problemas asociados a la supervivencia, el desarrollo y la diversidad
de los pueblos, pero con un acendrado espíritu compartido de las libertades y
las responsabilidades, y con un claro sentido del destino compartido como
especie y como planeta.
Fue entonces cuando desperté, y no demoré en recordar la larga lista de
compromisos que esperaban en mi agenda. Pero fue un despertar alegre, que
iluminó aquel día. Porque entendí, de repente, que el despertar tiene
sentido y que da sentido a la faena diaria el vivir despiertos. “Más
temprano que tarde, será realidad”, me dije.
Ramiro Restrepo González
Enero de 2026

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