jueves, 22 de enero de 2026

ESCASEZ, ABUNDANCIA Y SUFICIENCIA

 

Los seres humanos hemos sido de extremos. Desde nuestros orígenes, hasta la actualidad. Excesos de abundancia y excesos de escasez. Gigantescas riquezas individuales y millones de seres humanos que sufren y mueren de hambre. El ruido y la adrenalina son nuestras fórmulas de diversión; de hecho, hablamos de deportes extremos. Nos debatimos entre la obesidad y la bulimia o la desnutrición y el hambre crónico. Pendulamos entre holgazanes o desempleados y trabajoadictos o ciberadictos. En resumen: o nos aturdimos en medio de excesos o desfallecemos en medio de carencias. Es un fenómeno que, si bien seguramente nos acompaña desde la prehistoria, la sociedad contemporánea lo ha llevado a máximos paroxísticos. El extremos de los extremos, en pocas palabras. Hemos llegado, así, a vivir en una sociedad enferma de adicciones y  llena de carencias. Pocas cifras pueden resultar suficientes para ilustrarlo:


“El hambre afecta a aproximadamente el 10 % de la población mundial” (Children International. La pobreza global y el hambre. Ver ACÁ), es decir, unos 800 millones de seres humanos.

Mientras que, mirando la población mundial, “actualmente, ese 1 % (más rico) acapara más riqueza que todo el 95 % más pobre” (Oxfam International. Del beneficio privado al poder de lo público. Junio de 2025. Ver ACÁ.

Estamos confrontando una crisis de escasez de recursos clave para la supervivencia (bosques, agua, peces, biodiversidad, suelos…), mientras “alrededor del mundo, los seres humanos desperdiciamos el 40% de todos los alimentos que producimos” (WWF. Desperdicio de alimentos. Ver ACÁ.

 

El extremo de la abundancia tiene el signo del éxito en nuestra cultura maximalista; el extremo de la escasez, por el contrario, viene marcado por la percepción de fracaso. Así, como ejemplo, cuando confeccionamos el presupuesto de cada año siguiente, personal o empresarial, las preguntas de rigor que se hacen son: ¿cuánto más venderemos?, ¿cuánto más gastaremos?, ¿cuánto más ganaremos? Lo contrario resulta impensable y se percibe como una señal de fracaso. Yo me pregunto: ¿y si vendemos menos, pero mejor? Con mejor eficiencia, mejores criterios de sostenibilidad, mejor calidad; con nuevos métodos, diseños y parámetros... ¿Por qué no pensar en que mejorar e innovar son alternativas más ganadoras para todos? Porque vender más y ganar más siempre serán cuestiones con cierto tufillo egocéntrico, a diferencia de la optimización y la innovación, en las que todos salimos ganadores.

 

¿Se ha puesto usted a pensar cuántos seres humanos viven dentro de parámetros de justeza, y sobriedad? Esa sí es, a mi modo de apreciar la realidad, la verdadera élite global, por su pequeño número y porque son seres humanos que, sin duda, han escalado a estadios superiores de consciencia y sensibilidad, que lamentablemente han estado reservados a seres privilegiados. Es la frontera de la suficiencia: desear lo que se tiene.

 

El papa Francisco fue uno de ellos. No solo lo expresó en múltiples ocasiones, sino que lo vimos ser coherente con ello. Así nos ilustra el concepto en Laudato Si:

“…si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo”.

“La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco”.

“La sobriedad que se vive con libertad y conciencia (sic) es liberadora”.

“…ninguna persona puede madurar en una feliz sobriedad si no está en paz consigo mismo”.

 

Otro maestro de la sobriedad fue José Mujica, expresidente de Uruguay. Se le escuchaba decir con frecuencia: “No soy pobre —decía—. Soy sobrio. Pobre es el que necesita mucho” (Cvitanic, F. El legado de Pepe Mujica, el presidente más humilde del mundo. The Conversation: mayo 14 de 2025. Ver ACÁ.

 

Pero fue más prolijo en gestos que en palabras de sobriedad. En efecto:

Cuando resultó electo presidente, rehusó ocupar la lujosa residencia presidencial y prefirió seguir viviendo en su humilde chacra, a las afueras de Montevideo, como un ciudadano más.

Siempre viajó en clase turista y conducía un viejo “escarabajo”.

Durante su presidencia, donó el 90 % de su salario, llegando a sumar medio millón de dólares, que destinó a causas sociales.

 

Y tengamos en cuenta que los excesos y carencias, así como la sobriedad, no se refieren solo a asuntos materiales. Igual paradoja encontraremos en los terrenos social, cognitivo, emocional y espiritual. Quisiera ilustrarlo con un sencillísimo gráfico, que puede leerse de forma vertical u horizontal.



Notas:

Infodemia: sobrecarga patológica y extendida de información.

Histrionismo: concepto asociado al Trastorno de Personalidad Histriónica (TPH), que se caracteriza por una emotividad excesiva y una búsqueda constante de atención.

Ataraxia: concepto de la Grecia clásica que significa imperturbabilidad de ánimo, paz y armonía interiores, serenidad.

 

Anselm Grün, monje benedictino alemán (ampliar información ACÁ), y gran compañero de búsquedas de Leonardo Boff (ampliar información ACÁ y ACÁ), acuñó un concepto muy expresivo para nombrar la suficiencia. Lo llamó la justa medida (El arte de la justa medida. Ver ACÁ), siguiendo el ideario de Benito de Nursia, el fundador de su orden religiosa. Intentaré un muy apretado resumen de sus ideas, para concluir esta nota.

 

Grün inicia constatando que “Vivimos en una sociedad de sobreabundancia. Pero reconocemos que la sobreabundancia no nos hace más felices. La sobreabundancia nos lleva más bien a una falta de medida” (p. 68). Y hace, en su opúsculo, un análisis de la sobreabundancia como una pérdida del equilibrio necesario para la salud integral y el florecimiento del espíritu humano. Repasa así equilibrios tan necesarios como: a) el equilibrio en la actividad, entre el ocio y el agotamiento; b) el equilibrio en nuestra autopercepción, entre la prepotencia y la baja autoestima; c) el equilibrio en las relaciones, entre el autocuidado y el cuidado del otro; d) el equilibrio en nuestra relación con la naturaleza, entre la depredación y el ambientalismo extremo; etc. Para concluir que “el éxito de nuestra vida depende de la medida correcta” (p. 6).

 

En la abundancia, se experimentarán el apego y la frustración; en la escasez, se experimentarán la impotencia y la penuria. En ambos casos, nos acompañará el sufrimiento. En la suficiencia, se experimentará la armonía de todo y con todo, así como un sentimiento de paz interior; nos acompañarán destellos de felicidad y bienestar. Ya no reiremos a carcajadas, sino que esbozaremos una frecuente y serena sonrisa. Ya no levantaremos la voz ante el improperio, sino nuestras cejas en señal de asombro. Ya no parlotearemos sin medida, sino que escucharemos mucho y nuestras palabras fluirán precisas y oportunas. Ya no nos agobiará el afán, sino que florecerá la paciencia en cada uno de nuestros pasos. Ya no nos obsesionará tener la razón, sino que nos acompañarán preguntas cada vez más profundas y fecundas. Ya no nos esforzaremos por ser los mejores en nada, sino que nos preocuparemos por ayudar a todo aquel que lo requiera. Ya no buscaremos saberlo todo, sino solo tener la certeza de que hay un sentido en nuestro vivir.

 

La justa medida, la sobriedad y la suficiencia son todas denominaciones del mismo concepto de equilibrio, necesario para una vida plena y auténticamente exitosa. Porque nos permiten conectarnos con nuestra propia esencia, la de los otros y la de la naturaleza, estableciendo con todos relaciones armónicas y pacíficas. Nos lo dice Anselm en su texto: “La medida correcta es buena para el ser humano. Corresponde a su esencia. Por lo tanto […] no se trata de apelaciones morales, sino de un camino que conduce a una vida saludable, una buena vida y una vida hermosa” (p. 53).

 

Ramiro Restrepo González

Enero de 2026

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