martes, 6 de enero de 2026

LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Lo “políticamente correcto” es un concepto que no tiene padre reconocido, pero todo parece indicar que se posicionó socialmente hacia comienzos de los años 70. Es, pues, un “hijo natural” que goza de buen prestigio. Casi se ha vuelto norma y es mal visto cuando nos expresamos de maneras que son consideradas políticamente incorrectas. Así que se nos volvió una especie de asepsia social, ya asfixiante, que se ha ido apoderando subrepticiamente de nuestro lenguaje y de lo que llaman opinión pública.
 
Voy a recurrir a tres ejemplos concretos, para desenmascarar la hipocresía, y hasta la ignorancia, que esta práctica social nos ha instalado en medio de la conversación.
 
Ejemplo 1: el lenguaje inclusivo

Es lo más políticamente correcto que conocemos. Hasta el extremo de llegar a proponer “azafato”, “azafate” y otras sandeces. ¿Sabe?: mejor diga auxiliar de vuelo, para que se evite hacer el ridículo. Porque, bajo esa lógica, terminaremos diciendo adolescenta, cirujane o inmigranta. Definitivamente, la ignorancia es atrevida, y hasta divertida. Desconocemos, a la ligera, que una cosa es el sexo y otra el género. Y que este, el género, es tan aleatorio como las culturas. En alemán, por ejemplo, la palabra niño es neutra (das Kind), sol es femenino (die Sonne) y luna, masculino (der Mond). Pero el niño seguirá siendo varón, de sexo masculino, en cualquier idioma, hasta que se demuestre lo contrario. En Esperanto, todas las palabras tienen el mismo género, que parece femenino en castellano, pues “la” es el artículo que las acompaña a todas, indistintamente del género gramatical y del sexo biológico. Igual ocurre en el latín clásico, en el que no existen los artículos determinados (el, la, los, las) ni los indeterminados (un, una, uno, unos, unas). Otra es la discusión sobre si el sexo es binario (varón-hembra) o más bien es un espectro. Pero esa discusión no es, ni gramatical, ni cultural. Es científica y pertenece al terreno de la biología.
 
Ejemplo 2: vivimos el mejor de los mundos en la historia

No se atreva a decir lo contrario, porque lo tildarán de apocalíptico, pesimista o, en el peor de los casos, de comunista, disociador y peligroso. Mostrar conformidad con un orden social y económico (absolutamente disfuncionales, por supuesto) es lo políticamente correcto, a pesar de la abrumadora evidencia estadística y científica que nos dice lo contrario. Esta evidencia la ratifica el Wold Inequality Report 2026, que se acaba de publicar:Hoy en día, el 10% más rico de la población mundial gana más que el 90% restante, mientras que la mitad más pobre de la población mundial capta menos del 10% del ingreso global total. La riqueza está aún más concentrada: el 10% más rico posee tres cuartas partes de la riqueza mundial, mientras que la mitad más pobre solo posee el 2%”. Y la tendencia, como se aprecia en las gráficas del reporte, agudiza cada vez más esta realidad.

Pero disentir del orden establecido, del statu quo, resulta anatema, blasfemo o, cuando menos, incómodo. Ello es especialmente sensible en ámbitos gubernamentales y organizacionales. ¿Censura institucional e institucionalizada? No me cabe duda, con un toque de docta hipocresía muchas veces, y de simple y supina ignorancia en otros casos

Ejemplo 3: la iglesia católica es santa e infalible

Es lo que hay que decir o, al menos, aceptar que se diga, resignada y repetidamente, para ser visto como políticamente correcto. Nada, sin embargo, resulta más falso a la luz del examen histórico, riguroso y objetivo. La iglesia católica ha sido una de las instituciones más corruptas y criminales en la historia de la sociedad occidental. No es necesario citar los conocidos casos de la “Santa” Inquisición, que inició Lucio III contra los cátaros, en la Francia de 1184; ni de las Cruzadas, iniciadas poco después. Ambos eventos fueron escenario de lo que hoy llamaríamos, con toda propiedad en el DIH, genocidios; pero, en esa época, eran meras “guerras santas”. Lo insólito es que hasta hoy siga siendo aceptado de esa manera. Y no se sostiene el hipócrita argumento de que, para esa época, las valoraciones de los hechos eran diferentes. Jesús, el hombre de Nazareth o, por lo menos, el relato inspirador de tal personaje, en cuya visión siempre se han apoyado, desnaturaliza de raíz esta falsa salida. 

Hay otros episodios menos publicitados. Citaré dos.

El primer episodio: el “presunto” asesinato de más de 12 papas. Y uso, no solo comillas, sino el adjetivo presunto, porque la opacidad de la iglesia nunca permitió la evidencia forense, ni siquiera en nuestros días. Pero ya tenemos la confesión del excapo de la mafia italiana, Antoni Raymondi, primo del cardenal Paul Marcinkus (1922-2006) quien, según Raymondi, fue el directo victimario del Papa Juan Pablo I. Así confiesa, en el libro When the bullet hits the bone (Cuando la bala impacta el hueso): “‘Estaba de pie (sic) en el pasillo frente a los aposentos del Papa cuando sirvieron el té’, escribe; y agrega que la droga hizo tan buen efecto, que su víctima no se habría movido ‘ni siquiera si hubiera habido un terremoto’”. Juan Pablo I acababa de ser envenenado a manos del cardenal Paul Marcinkus.

Y el segundo episodio:  el titular del New York Post, en la cita referenciada, habla de fraude bursátil (stock fraud), precisamente porque el cardenal Marcinkus, quien debió resignarse a morir encerrado en el Vaticano, por cargar sobre sus espaldas una circular roja de Interpol, fue el enlace vaticano de la mafia internacional que terminó en la quiebra del Banco Ambrosiano, del cual el Banco Vaticano (IOR) era el principal accionista, estando este bajo el mando del difundo Marcinkus. “La distancia entre los asuntos de Dios y de la mafia es prácticamente inexistente cuando se analiza la historia del Banco Vaticano”, escribe al respecto María Medinilla. Todo parece indicar que la inminente limpieza financiera, que pretendía llevar a cabo Juan Pablo I, fue el verdadero móvil de su asesinato. Esas son las santas credenciales de la iglesia católica, apostólica y romana, “fuera de la cual no hay salvación”

De suerte que en eso consiste lo políticamente correcto: hipocresía institucional impuesta socialmente como decencia, para mantener a la sombra la indecencia de un orden institucional y unos entramados de poder malolientes. Claro que, si tomamos la definición de La Rochefoucauld sobre la hipocresía, no nos sentiríamos tan mal: “la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”, nos decía. Pues yo, por mi parte, renuncio a los homenajes.
 
La hipocresía es un fenómeno asfixiante que puede obedecer a múltiples propósitos: a) normalizar unas “buenas maneras” en la convivencia; b) imponer una forma de censura sutil y seductora; c) ejercer una sanción social sobre lo disonante; d) asegurar la uniformidad en aras de la cohesión social; e) o una simple forma, incorrecta y abusiva, de acorralar lo poco que queda de pensamiento crítico. Cualquiera sea la elección, resultará desagradable. Lo valiente es reconocer que no hay verdad dulce y agradable. Que la verdad siempre confrontará, interpelará, exigirá cuentas y resultará terriblemente incómoda. No importa que se exponga de manera serena y desarmada. Por eso, el pensamiento crítico, lo políticamente incorrecto, siempre estarán en el terreno de la serena verdad de las mentes lúcidas, valientes y coherentes. La verdad escandaliza a los cobardes. La verdad estará siempre reservada a los valientes.
 
Ramiro Restrepo González
Enero de 2026

 

Referencias bibliográficas usadas:

World Inequality Lab. World Inequality Report 2026. P. 12. Ver ACÁ.

Yallop, David. En nombre de dios. Ver ACÁ.

Hamilton, B. Meet the mobster who claim he helped whack Pope John Paul I over stock fraudNew York Post, octubre 19 de 2019. Ver ACÁ y ACÁ.

Medinilla, M. et al. Banco Ambrosiano y los escándalos del Vaticano: cuando Dios y la mafia se sientan a la mesa. El Economista, julio 3 de 2023. Ver ACÁ.

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