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martes, 6 de octubre de 2026

TODOS SOMOS MARICARMEN

 

La historia

 

En el número 46 de la calle Alcalde Sáinz de Baranda, en un sencillo barrio que llegó a convertirse en el cotizado sector de El Retiro, en Madrid, vivió durante 70 años consecutivos María del Carmen Abascal. Y el pasado 23 de septiembre Maricarmen fue desalojada de esa su vivienda de alquiler, producto de una orden judicial de desahucio, debiendo ser conducida en camilla al hospital Gregorio Marañón, donde permanece, a sus 87 años de edad, con movilidad reducida y con un 50 % de discapacidad reconocida a sus espaldas.

 

El fondo de inversión Urbagestión (ver ACÁ) había adquirido el edificio, para reformarlo, revalorizarlo y venderlo de nuevo, cosechando los beneficios. Este fondo, ante las súplicas de Maricarmen, accedió a permitirle seguir viviendo, pero incrementando el canon mensual de € 500 a € 2650 (¡un incremento del 430 %!), que después redujo a € 1650 (todavía un 230 % de incremento); aun así, a Maricarmen no le alcanzaba su pensión de solo € 1350. Y no fue suficiente que un benefactor anónimo ofreciera cubrir la diferencia, oferta que después hizo el mismo ayuntamiento. Urbagestión rechazó ambas ofertas: quería el inmueble, porque ese es su negocio: rentabilizar cada metro cuadrado adquirido. Es lo que llamamos, en la jerga de tertulia, uno de tantos fondos “buitre” que están detrás de la crisis estructural de vivienda, que padece España y que se esparce por el mundo hace varios años, acumulando miles y miles de víctimas en el camino.

 

El símbolo

 

La historia de Maricarmen ha tocado profundamente la sensibilidad de los españoles, provocando multitudinarias manifestaciones en al menos 16 ciudades (ver ACÁ, ACÁ y ACÁ), bajo consignas como la que sirve de título a esta nota; y hasta fue objeto de un pronunciamiento de Koldo Casas, Relator de la ONU para el derecho a la vivienda (ver ACÁ). Por toda respuesta, Urbagestión respondió con una demanda por € 10 000 contra el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos (ver ACÁ), alegando difamación, con lo cual parecen querer rentabilizar el mismo abuso ya consumado.

 

De esta manera, Maricarmen se ha convertido, quizás sin proponérselo, en el símbolo y voz de un pueblo que reclama al Estado justicia habitacional. Y toma a la clase política fuera de base. De un lado, la presidente de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuzo, no logra salir del escándalo suscitado por su irresponsable compra de un Ático en el cotizado barrio Chamberí de Madrid, el cual adquirió con fondos públicos, por un valor de € 6,3 millones y que, al parecer, pretendía usar para su despacho personal (ver ACÁ). Igual le sucede a Pedro Sánchez, con su gobernabilidad en mínimos, lo que le ha impedido sacar adelante reforma alguna relacionada con la Ley de Vivienda. ¿Podrá la clase política española sobreponerse a un momento de doble crisis, política y social, de tales proporciones? Por el momento, lo único que han logrado es convertir un derecho fundamental en botín electoral, bajo la reacción tardía del PSOE y otros, proponiendo dos decretos finalmente negados por el Congreso; y bajo la óptica más rústica aún del PP, proponiendo una ilusoria revolución de la vivienda en seis meses, si se hace al poder.

 

El nudo de la cuestión

 

Sin embargo, Maricarmen, las manifestaciones y protestas, los líos de la clase política y el debate sobre la Ley de Vivienda no son más que la fenomenología: los síntomas de la profunda crisis, social y planetaria, que el modelo economicista de desarrollo ha creado. Habrá que encontrarle una solución digna a las Maricarmen que vayan cayendo por el camino, las protestas terminarán siendo sustituidas por otras, la crisis de la clase política española continuará y seguramente la Ley de Vivienda termine saliendo adelante, con algunos remiendos que salven las apariencias hasta la siguiente crisis. Pero el problema de fondo seguirá poniendo a generaciones de Maricarmen en la calle, ante la mirada atónita de todos nosotros.

 

El modelo económico vigente está creando monstruos corporativos cada vez más voraces, crueles, insensibles y abusivos:

§  ya invadieron y saquearon toda nuestra privacidad personal, representada en nuestros datos personales;

§  ya tienen al borde de la irreversibilidad infinidad de hábitats indispensables para el sostenimiento y cuidado de la vida;

§  ya tienen al planeta y a la sociedad enfrentados a una escasez inevitable de recursos críticos para la supervivencia (agua, bosques, suelos, alimentos, biodiversidad…);

§  ya han creado un clímax de violencia crónica, en una insensata confrontación por recursos cada vez más escasos (petróleo, gas, tierras raras…), que nos está llenando de guerras, conflictos y víctimas: a) 7,3 millones de desplazados internos por la violencia a diciembre de 2024 (ver ACÁ); b) 5280 víctimas en 2025, ocasionadas por 2944 eventos terroristas en el mundo (ver ACÁ); c) 40 conflictos armados en curso (ver ACÁ); d) 113 protestas antigubernamentales significativas en los últimos 12 meses (en más de 60 países, ver ACÁ)… Es decir, un planeta en proceso de explosión social violenta, producto de una competencia feroz por territorios y recursos.

§  Esta competencia por recursos queda al desnudo en la forma como se distribuyen sus beneficios. Así nos lo reporta el World Inequality Report 2026 (ver ACÁ): “El 10 % de la población mundial con mayores ingresos percibe más que el 90 % restante, mientras que la mitad más pobre de la población mundial capta menos del 10 % de los ingresos globales totales. La riqueza está aún más concentrada: el 10 % superior posee tres cuartas partes de la riqueza mundial, mientras que la mitad inferior concentra solo el 2 %”.

 

Y podría seguir la dolorosa enumeración de las huellas de depredación social y ambiental que van quedando para la historia, producto de la voracidad de los actores económicos, articulados en un modelo de desarrollo suicida. ¿Cuándo reaccionaremos?

 

En el sector de la vivienda, estos estragos de un modelo de desarrollo perverso se traducen de una manera muy clara: la llaman la financiarización de la vivienda: de ser morada acogedora y segura en poder de muchos, la vivienda ha pasado a ser un volátil activo especulativo concentrado en pocas manos. Así lo retrata crudamente el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona: “Hablar de ciudades es hoy hablar de crisis: crisis de la vivienda, crisis climática, desigualdades, aumento del precio de los alimentos… Estas crisis tienen un trasfondo compartido: grandes actores empresariales y financieros que acaparan activos y definen quién vive en las ciudades y cómo vive. Hablar de ciudades es, por tanto, también hablar de las respuestas a esta enorme concentración de poder y riqueza con el objetivo de garantizar derechos fundamentales” (ver ACÁ).

 

En resumen: el actual contrato social y el modelo de desarrollo vigente se han vuelto disfuncionales: ya generan más costos que beneficios; y, si no producimos cambios estructurales y profundos en el mediano plazo, lo único claro es que nos espera un futuro terriblemente oscuro.

 

Maricarmen con su entereza y los españoles con su solidaridad y valentía nos están dando una enorme lección: solo una ciudadanía sensible, solidaria y valiente puede hacer la diferencia, frente a unos actores económicos voraces e insensibles y frente a unos gobiernos corruptos y secuestrados por las élites.

 

Ramiro Restrepo González

Septiembre de 2026