TODOS SOMOS MARICARMEN
La historia
En el número 46 de la calle Alcalde Sáinz de
Baranda, en un sencillo barrio que llegó a convertirse en el cotizado sector de
El Retiro, en Madrid, vivió durante 70 años consecutivos María del Carmen
Abascal. Y el pasado 23 de septiembre Maricarmen fue desalojada de esa su
vivienda de alquiler, producto de una orden judicial de desahucio, debiendo ser
conducida en camilla al hospital Gregorio Marañón, donde permanece, a sus 87
años de edad, con movilidad reducida y con un 50 % de discapacidad reconocida a
sus espaldas.
El fondo de inversión Urbagestión (ver ACÁ) había adquirido el edificio, para reformarlo,
revalorizarlo y venderlo de nuevo, cosechando los beneficios. Este fondo, ante
las súplicas de Maricarmen, accedió a permitirle seguir viviendo, pero
incrementando el canon mensual de € 500 a € 2650 (¡un incremento del 430 %!),
que después redujo a € 1650 (todavía un 230 % de incremento); aun así, a
Maricarmen no le alcanzaba su pensión de solo € 1350. Y no fue suficiente que
un benefactor anónimo ofreciera cubrir la diferencia, oferta que después hizo
el mismo ayuntamiento. Urbagestión rechazó ambas ofertas: quería el inmueble,
porque ese es su negocio: rentabilizar cada metro cuadrado adquirido. Es lo que
llamamos, en la jerga de tertulia, uno de tantos fondos “buitre” que están detrás
de la crisis estructural de vivienda, que padece España y que se esparce por el
mundo hace varios años, acumulando miles y miles de víctimas en el camino.
El símbolo
La historia de Maricarmen ha tocado
profundamente la sensibilidad de los españoles, provocando multitudinarias
manifestaciones en al menos 16 ciudades (ver ACÁ, ACÁ y ACÁ), bajo consignas como la que sirve de título a
esta nota; y hasta fue objeto de un pronunciamiento de Koldo Casas, Relator de
la ONU para el derecho a la vivienda (ver ACÁ). Por toda respuesta, Urbagestión respondió
con una demanda por € 10 000 contra el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos
(ver ACÁ), alegando difamación, con lo cual parecen
querer rentabilizar el mismo abuso ya consumado.
De esta manera, Maricarmen se ha convertido,
quizás sin proponérselo, en el símbolo y voz de un pueblo que reclama al Estado
justicia habitacional. Y toma a la clase política fuera de base. De un lado, la
presidente de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuzo, no logra salir del escándalo
suscitado por su irresponsable compra de un Ático en el cotizado barrio
Chamberí de Madrid, el cual adquirió con fondos públicos, por un valor de € 6,3
millones y que, al parecer, pretendía usar para su despacho personal (ver ACÁ). Igual le sucede a Pedro Sánchez, con su
gobernabilidad en mínimos, lo que le ha impedido sacar adelante reforma alguna
relacionada con la Ley de Vivienda. ¿Podrá la clase política española
sobreponerse a un momento de doble crisis, política y social, de tales
proporciones? Por el momento, lo único que han logrado es convertir un derecho
fundamental en botín electoral, bajo la reacción tardía del PSOE y otros,
proponiendo dos decretos finalmente negados por el Congreso; y bajo la óptica
más rústica aún del PP, proponiendo una ilusoria revolución de la vivienda en seis
meses, si se hace al poder.
El nudo
de la cuestión
Sin
embargo, Maricarmen, las manifestaciones y protestas, los líos de la clase
política y el debate sobre la Ley de Vivienda no son más que la fenomenología:
los síntomas de la profunda crisis, social y planetaria, que el modelo
economicista de desarrollo ha creado. Habrá que encontrarle una solución digna
a las Maricarmen que vayan cayendo por el camino, las protestas terminarán siendo
sustituidas por otras, la crisis de la clase política española continuará y
seguramente la Ley de Vivienda termine saliendo adelante, con algunos remiendos
que salven las apariencias hasta la siguiente crisis. Pero el problema de fondo
seguirá poniendo a generaciones de Maricarmen en la calle, ante la mirada
atónita de todos nosotros.
El modelo
económico vigente está creando monstruos corporativos cada vez más voraces,
crueles, insensibles y abusivos:
§ ya invadieron y saquearon toda
nuestra privacidad personal, representada en nuestros datos personales;
§ ya tienen al borde de la
irreversibilidad infinidad de hábitats indispensables para el sostenimiento y
cuidado de la vida;
§ ya tienen al planeta y a la sociedad
enfrentados a una escasez inevitable de recursos críticos para la supervivencia
(agua, bosques, suelos, alimentos, biodiversidad…);
§ ya han creado un clímax de violencia
crónica, en una insensata confrontación por recursos cada vez más escasos (petróleo,
gas, tierras raras…), que nos está llenando de guerras, conflictos y víctimas: a)
7,3 millones de desplazados internos por la violencia a diciembre de 2024 (ver ACÁ); b) 5280 víctimas en 2025, ocasionadas por
2944 eventos terroristas en el mundo (ver ACÁ); c) 40 conflictos armados en curso (ver ACÁ); d) 113 protestas antigubernamentales
significativas en los últimos 12 meses (en más de 60 países, ver ACÁ)… Es decir, un planeta en proceso de explosión
social violenta, producto de una competencia feroz por territorios y recursos.
§ Esta competencia por recursos queda al
desnudo en la forma como se distribuyen sus beneficios. Así nos lo reporta el World
Inequality Report 2026 (ver ACÁ): “El 10 % de la población mundial con mayores ingresos
percibe más que el 90 % restante, mientras que la mitad más pobre de la
población mundial capta menos del 10 % de los ingresos globales totales. La
riqueza está aún más concentrada: el 10 % superior posee tres cuartas partes de
la riqueza mundial, mientras que la mitad inferior concentra solo el 2 %”.
Y podría
seguir la dolorosa enumeración de las huellas de depredación social y ambiental
que van quedando para la historia, producto de la voracidad de los actores
económicos, articulados en un modelo de desarrollo suicida. ¿Cuándo
reaccionaremos?
En el
sector de la vivienda, estos estragos de un modelo de desarrollo perverso se
traducen de una manera muy clara: la llaman la financiarización de la vivienda:
de ser morada acogedora y segura en poder de muchos, la vivienda ha pasado a
ser un volátil activo especulativo concentrado en pocas manos. Así lo retrata
crudamente el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona: “Hablar de
ciudades es hoy hablar de crisis: crisis de la vivienda, crisis climática,
desigualdades, aumento del precio de los alimentos… Estas crisis tienen un
trasfondo compartido: grandes actores empresariales y financieros que acaparan
activos y definen quién vive en las ciudades y cómo vive. Hablar de ciudades
es, por tanto, también hablar de las respuestas a esta enorme concentración de
poder y riqueza con el objetivo de garantizar derechos fundamentales” (ver ACÁ).
En resumen:
el actual contrato social y el modelo de desarrollo vigente se han vuelto
disfuncionales: ya generan más costos que beneficios; y, si no producimos
cambios estructurales y profundos en el mediano plazo, lo único claro es que
nos espera un futuro terriblemente oscuro.
Maricarmen
con su entereza y los españoles con su solidaridad y valentía nos están dando
una enorme lección: solo una ciudadanía sensible, solidaria y valiente puede
hacer la diferencia, frente a unos actores económicos voraces e insensibles y
frente a unos gobiernos corruptos y secuestrados por las élites.
Ramiro
Restrepo González
Septiembre
de 2026
