TOTALITARISMOS DIGITALES
Según
el World Population Review (ver ACÁ),
en 2026 solo tenemos 5 Estados totalitarios en el mundo: Afganistán, Corea del
Norte, Siria, Turkmenistán, Eritrea y Guinea Ecuatorial.
Esta
misma fuente cita a los reconocidos politólogos Carl J. Friedrich y Zbigniew
Brzezinski, en su libro Totalitarian dictatorship and authocracy (1956), para
caracterizar los totalitarismos. Según ellos, se distinguen por estos seis
rasgos esenciales:
§ Una
ideología rectora centrada en el patriotismo.
§ Un
partido político único, generalmente encabezado por un dictador.
§ El
uso de instrumentos de terror, como la violencia y la policía secreta, para controlar
a la población.
§ El
monopolio estatal de las armas
§ El
monopolio estatal de los medios de comunicación y la censura.
§ Una
economía controlada por el Estado
Sin
embargo, podemos observar infinidad de Estados que ofrecen estos seis rasgos, o
casi todos, bien plenamente algunos o en gran medida todos o casi todos. Nos
encontramos entonces con la figura de los Estados autocráticos, muchas veces, en camino o cercanos a
ser Estados totalitarios.
Y, en esta categoría, ya nos encontramos con un número notable: 92 Estados,
según el V-Dem Democracy Report 2026 (ver ACÁ). De suerte que totalitarismo y autocracia representan el 50 % de los
Estados nacionales actuales y su número ha venido creciendo. No es, pues, ningún
fenómeno menor en el panorama político contemporáneo.
Y ahora esta tendencia, como se ha visto en los años
recientes, se acelera notoriamente, apalancada en la tecnología. Están
surgiendo así lo que prefigura el advenimiento de los totalitarismos digitales.
Ya, por lo menos, hay unos cuantos ejemplos visibles y significativos. Veamos:
Próspera Inc.:
Se trata de la isla caribeña de Roatán (Honduras, 83 km2).
Esta isla fue declarada Zona de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) por el
Congreso hondureño en 2013, siendo presidente del mismo Orlando Hernández, a
continuación, presidente del país (2014-2022). Estas ZEDE se configuraron al
servicio de la inversión extranjera, con plena autonomía legislativa, ejecutiva
y judicial. En la práctica, como pequeños Estados privados (ver ACÁ).
Así, el señor Peter Thiel, un inversionista de riesgo,
cofundador de Paypal con Elon Musk, ex-CEO y exfundador de Palantir Tech.,
firmó un acuerdo con el gobierno hondureño y, en ese marco, fundó Próspera
Inc., un emporio de start-ups digitales, convirtiendo a Roatán en un
tecnoestado privado. Impuso allí un sistema tributario propio y una legislación
a la medida (common low la denominó), bajo la supervisión digital de
jueces jubilados del Estado de Arizona. Al llegar Xiomara Castro a la
Presidencia, lo hizo bajo la bandera de liquidar estas ZEDE, por atentar contra
la soberanía nacional. Sus intentos, sin embargo, se vieron frustrados ante el
costo impagable (40 % del PIB) de enfrentar la demanda del señor Thiel ante el
CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones,
ver ACÁ).
Conviene observar, tras bambalinas, cuáles pudieron ser las
motivaciones del señor Donald Trump, para indultar al señor Hernández
(diciembre de 2025), quien pagaba una condena de 24 años por narcotráfico en la
prisión federal de máxima seguridad del Estado de Virginia. Y tengamos en
cuenta que este indulto sucedió justo un mes antes de que el mismo Trump
dirigiera la operación comando que invadió Venezuela y capturó al presidente en
funciones Nicolás Maduro. Los hilos del poder político se entretejen, así, con
los del poder económico, en una relación de mutuo beneficio para los poderosos.
El hábitat perfecto para los nacientes totalitarismos digitales. Para más
información, ver ACÁ
y ACÁ.
Praxis:
Bryden Brown y Charlie Callinan, sus dueños, la definen como
una “nación nativa de internet”. Formados ambos en los llamados “fondos de
cobertura”, un nombre elegante para los inversionistas de riesgo, “sin hígados”
como decimos coloquialmente, fundaron Praxis en 2019 y actualmente exploran con
las autoridades groenlandesas la forma de establecer allí un territorio independiente
bajo esta figura. Y uno de sus inversionistas es, como no, Peter Thiel.
Por el momento, Praxis es solo un proyecto. Pero se sabe de
negociaciones con varios territorios (Marruecos y otros países africanos,
Italia, Groenlandia), para lograr algo similar a lo ya logrado en Roatán. El
mismo Brown lo confirma: "’Fui a Groenlandia para intentar comprarla’, antes de que el
gobierno estadounidense manifestara su interés en el territorio danés a
principios de este año” (ver ACÁ). Y nuevamente
los mismos patrones: desregulación total y “una sociedad ‘post-trabajo’, donde
los humanos dejan todo el trabajo rutinario en manos de robots con inteligencia
artificial” (ídem). Más información sobre Praxis ACÁ.
Starbase:
Una ciudadela fundada por Elon Musk en Texas, alrededor de la base
espacial de SpaceX. Ver sitio oficial ACÁ. Actualmente está habitada, casi totalmente, por empleados de las
empresas de Musk, y entre esos empleados se cuentan las autoridades mismas de la ciudad, incluido su alcalde. Aún no
cuenta con la autonomía territorial, jurisdiccional y tributaria de Próspera
Inc., pero Musk trabaja en ello y ya, de facto, puede decirse que la tiene. En
efecto, su carga tributaria ya es inferior a la estatal, el tráfico es
autorregulado, etc., al punto que Starbase terminó engulléndose al antiguo
poblado de Boca Chica. Esta situación se consolidó con la votación popular
promovida por la misma empresa, en la que sus pobladores-empleados votaron
mayoritariamente por convertirse en ciudad, con todas las implicaciones legales
derivadas, que la Legislatura de Texas (Congreso estatal) ya refrendó.
Se borran, así, todas las fronteras entre lo privado y lo público, y se
van perfilando los totalitarismos digitales en la supuesta “mejor democracia
del mundo”. Así lo consignan los medios: “Mientras
la legislatura estatal discute leyes que podrían ampliar aún más las
atribuciones locales de SpaceX, y el gobierno federal reduce su capacidad de
intervención, Starbase se consolida como un modelo inédito”. Ver ACÁ.
Network School
Es este un proyecto del
singapurente Balaji Srinivasan, otro inversor de riesgo. Ya tuvo un intento
fallido de establecer su Network School en Malasia —justo en la frontera con
Singapur— pero fue expulsado por el gobierno de ese país. Migró entonces a
Kazajistan, donde estableció su proyecto, en acuerdo con el gobierno de ese
país. Define su sueño así: “nuestro nuevo campus se convertirá en refugio para
el tecnooptimismo global, con visas aceleradas, redomiciliación simplificada y
reclutamente activo de talento” (ver ACÁ y ACÁ).
Network School, sin embargo, es
apenas la plataforma de formación de lo que Srnivasan denomina el Estado-Red,
otro tecnoestado más, del mismo perfil que los anteriores, y cuyos rasgos
delinea bien en su libro The Network State: How to Start a New Country.
Si bien son solo cuatro ejemplos, y que podríamos calificar de
experimentos sociales, vale la pena visualizar los impactos que este modelo
empieza ya a evidenciar. Yo alcanzo a inventariar los siguientes:
§
La misión del Estado cambia sustancialmente: de proteger
el bien común, a servir el interés particular.
§
Asuntos tan esenciales como derechos humanos,
cambio climático, equidad social, biodiversidad, libertades individuales, y un
largo etcétera, simplemente desaparecen del radar del Estado.
§
La justicia, esa delicada vértebra de las
sociedades, queda al arbitrio del tecnomagnate de turno.
§
Y ni qué preguntar por la cultura, la soberanía,
la identidad, la geopolítica, los organismos multilaterales, los ODS, y un
angustiante etcétera.
Una vez más sale a la luz la perversidad de tribunales como
el CIADI, que solo han servido para consolidar posiciones de dominación de los
grandes imperios financieros sobre países débiles. Y, una vez más, brilla por
su ausencia el papel de Naciones Unidas frente a un fenómeno que, si se deja
prosperar —y cuenta con todo el respaldo financiero y no pocos respaldos
políticos para lograrlo—, sería la estocada final para las decadentes
democracias en el mundo.
RAMIRO RESTREPO GONZÁLEZ
Agosto de 2026

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