sábado, 22 de agosto de 2026

¿QUIÉN NOS GOBIERNA?

 

A pesar de que ya sabemos que las IDEOLOGÍA son esas libertinas del pensamiento, entre el mythos y el lógos, entre el relato y la razón; y que todo “ISMO”, como aquel que distingue a toda ideología, es una ABERRACIÓN COGNITIVA; y que, en nombre de las ideologías, han muerto violentamente miles y miles de seres humanos… A pesar de todo eso, las ideologías siguen penetrando silenciosa y seductoramente nuestra piel, buscando instalarse en nuestro torrente sanguíneo y regular la mejor parte de nuestro metabolismo mental.

 

Conviene, entonces, que hagamos un alto y nos formulemos unas cuantas preguntas. La pregunta central: ¿gobernamos nuestras vidas u otros han empezado subrepticiamente a gobernarlas? Propongo el siguiente mínimo cuestionario, para hacérnoslo periódicamente, y que puede ampliarse ad libitum por cada uno de nosotros:

§  ¿Pensamos o nos piensan?

§  ¿Opinamos o adherimos?

§  ¿Buscamos o seguimos?

§  ¿Intuimos o creemos?

§  ¿Vivimos o nos viven?

 

El asunto no es inocente ni de poca monta. En juego está la cuestión de quién está al mando de nuestra propia vida. Si soy AUTÉNTICO en lo que pienso, decido y hago, o si soy una simple MARIONETA movilizada por hilos desconocidos. Por supuesto que saberse una marioneta no le sonará agradable a ninguno de nosotros, pero nos resultará seductora y silenciosamente cómodo, a condición quizás de que no nos demos cuenta o no nos lo recuerden con frecuencia. Por el contrario, ser auténtico tiene un alto costo en esfuerzo, renuncias, conflictos y sacrificios, lo que nos exigirá lucidez, coraje y persistencia, que no siempre estaremos dispuestos a aportar.

 

Lo novedoso de nuestra sociedad contemporánea es que antes era por lo menos más fácil aquello de elegir deliberadamente ser auténtico y, en lugar de tener  un alto costo, podía atraernos respeto y reconocimiento; e igualmente, si alguno de nuestros contemporáneos decidía, muchas veces inconscientemente, “dejarse llevar”, eso tampoco parecía tener un alto costo; pero hoy hay una trampa silenciosa de una efectividad contundente y el costo se ha elevado sustancialmente en ambos casos. Denominaría este fenómeno como la TRAMPA DE LA ATENCIÓN SECUESTRADA (hijacked attention) que, con la irrupción de la IA y la tecnología en nuestras vidas, se ha vuelto un destino difícil de eludir. Empecemos por lo más práctico, para evidenciarlo: nuestras actividades diarias; para luego dar una mirada al mundo de nuestras ideas y pensamientos.

 

En efecto, basta que observemos un día completo de vigilia en nuestras vidas: nos daremos cuenta enseguida de que prácticamente no ha quedado un minuto del día a nuestra disposición. Todo el tiempo habremos estado respondiendo a estímulos externos, tales como interlocutores diversos, llamadas, correos, mensajes electrónicos, noticieros, eventos televisivos, redes sociales, amigos, familiares, compañeros, jefes, tareas, pendientes, entregables, reuniones, compromisos financieros, y un infernal etcétera que nos llevará exhaustos a la cama cada noche. Pronto nos daremos cuenta de que nada de eso lo hemos decidido nosotros; nos hemos limitado a responder reactivamente a decisiones que han tomado otros.

 

Nuestra atención ha estado secuestrada todo el tiempo, sin que quizás lo hayamos notado. Luego la solución, liberarla, es simple, pero exige una buena dosis de coraje como toda liberación. Basta que digamos ¡basta! Y la ruta es muy simple. Yo la he buscado y he luchado por seguirla desde hace años y observo que puede resumirse en tres pasos, pero cada quien encontrará su ruta si se propone buscarla.

 

PASO 1:

Empecé preguntándome cuánto de lo que ocupa cada uno de mis días ha sido planeado previamente por mí. ¿No mucho o casi nada? Por esa razón, hace años hago una sencilla agenda de PRIORIDADES para cada día, desde la noche anterior. Al iniciar cada nuevo día, empiezo por la prioridad uno, hasta que la avalancha de estímulos externos me obligue a hacer las primeras concesiones del día. Tan pronto puedo, retomo el control y voy a la prioridad dos; y así sucesivamente, persistiendo siempre.

 

PASO 2:

Luego, observando que muchos estímulos externos son solicitudes que, se supone, deben ser ejecutadas por mí, empecé a poner PLAZOS. Así, en lugar de proceder de inmediato, empecé a ordenarlas en un plan de prioridades futuras, negociando plazos con mis interlocutores, cuando resultaba pertinente y posible.

 

Paso 3:

Empecé finalmente a conjugar el verbo RENUNCIAR. Observaba que muchos estímulos que recibía no ameritaban atención. Empecé a dejarlos de lado deliberadamente, haciéndoselo saber, si fuere necesario, a la persona que había provocado dicho estímulo. La clave resultaba simple: responder a cada estímulo tiene un costo, de suerte que no es difícil hacer un rápido cálculo de costo-beneficio. Ah, y ¡claro!, renuncié a las redes sociales, desde antes de  haberme inscrito en ninguna de ella.

 

Al poco tiempo, encontré que resultaba cada vez más fácil retomar el CONTROL DE MI RUTINA. Pero luego me di cuenta de que era solo el comienzo. Retomar el control de mis actividades no equivalía a retomar el CONTROL DE MI PENSAMIENTO. Había sido un logro importante, pero no la cima. Entonces empecé a hacerme preguntas más elaboradas. Les ofrezco un pequeño abanico de las opciones que he ido encontrado y que ustedes pueden complementar.

 

¿Tengo evidencia empírica o científica para pensar esto que pienso? ¿Por qué he asumido que esto es así, sin solicitar o buscar  una sustentación razonable? ¿Tiene esto que ser así o existen muchas otras opciones que aún no conozco? ¿Si me produce temor abandonar una idea, he indagado por qué me produce temor? ¿Y, si me entusiasma en exceso una idea o una propuesta, baso mi elección en el entusiasmo o en los argumentos? ¿En el fondo de mí, estoy seguro de tener claras convicciones personales sobre lo que digo y opino? ¿Conozco las razones que han llevado a otras personas a pensar de manera diferente o incluso contraria a mí? ¿Es posible que dos maneras de pensar diferentes sobre algo convivan armónicamente e incluso se enriquezcan mutuamente? ¿Tengo claro que cambiar mi forma de pensar o mis gustos y preferencias sobre algo puede ser una refrescante vía para crecer personalmente? Como se ve, este mismo cuestionario aplica también para los gustos y preferencias personales; no dejen de hacerlo.

 

Sin darme cuenta, había iniciado la ruta del PENSAMIENTO CRÍTICO. Y encontré que el pensamiento crítico no es un conjunto de ideas, sino una MANERA DE PENSAR: incisiva, perspicaz, mayéutica, con la tenacidad de un taladro que penetra la roca. La cuestión es que solo el pensamiento crítico, como manera de pensar, conduce al pensamiento propio y auténtico. Entonces, avanzado en el proceso, descubrí lo fácil que resultaba irse liberando de las ideologías y empezar a vivir de las propias ideas y depurar y afinar gradualmente los propios gustos y preferencias. Así empecé a ser, cada vez más claramente, en el lenguaje de la tradición, un librepensador y una persona absolutamente heterodoxa en los gustos y preferencias.

 

Habiendo ganado un razonable grado de autonomía en nuestras actividades y pensamiento, podremos ahora observar el desarrollo de lo que sucede en el mundo con distancia, relativa imparcialidad y sentido crítico. Ello, por supuesto, habrá implicado un silencioso cambio en nuestra manera de relacionarnos con los demás. Ya no seremos los adeptos leales o los eternos contradictores de todo, sino los interlocutores comprensivos, dialogantes y aportantes, que tanto dan como reciben, en el simbiótico proceso de crecer en compañía. Tolerantes de las diferencias y siempre abiertos a enriquecernos en el intercambio con lo divergente y lo novedoso. No habremos terminado aún el camino, sin embargo; aunque nos habremos puesto en la posición adecuada para encarar la última etapa: el  VIAJE AL INTERIOR DE NOSOTROS MISMOS, para hacernos las preguntas fundamentales de la vida. Abordaré esta etapa en posteriores notas.

 

Ramiro Restrepo González

Julio de 2026

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