¿QUIÉN NOS GOBIERNA?
A pesar de que ya sabemos que las IDEOLOGÍA son esas
libertinas del pensamiento, entre el mythos y el lógos, entre el
relato y la razón; y que todo “ISMO”, como aquel que distingue a toda
ideología, es una ABERRACIÓN COGNITIVA; y que, en nombre de las ideologías, han
muerto violentamente miles y miles de seres humanos… A pesar de todo eso, las
ideologías siguen penetrando silenciosa y seductoramente nuestra piel, buscando
instalarse en nuestro torrente sanguíneo y regular la mejor parte de nuestro
metabolismo mental.
Conviene, entonces, que hagamos un alto y nos formulemos
unas cuantas preguntas. La pregunta central: ¿gobernamos nuestras vidas u otros
han empezado subrepticiamente a gobernarlas? Propongo el siguiente mínimo
cuestionario, para hacérnoslo periódicamente, y que puede ampliarse ad
libitum por cada uno de nosotros:
§
¿Pensamos o nos piensan?
§
¿Opinamos o adherimos?
§
¿Buscamos o seguimos?
§
¿Intuimos o creemos?
§
¿Vivimos o nos viven?
El asunto no es inocente ni de poca monta. En juego está la
cuestión de quién está al mando de nuestra propia vida. Si soy AUTÉNTICO en lo
que pienso, decido y hago, o si soy una simple MARIONETA movilizada por hilos
desconocidos. Por supuesto que saberse una marioneta no le sonará agradable a ninguno
de nosotros, pero nos resultará seductora y silenciosamente cómodo, a condición
quizás de que no nos demos cuenta o no nos lo recuerden con frecuencia. Por el
contrario, ser auténtico tiene un alto costo en esfuerzo, renuncias, conflictos
y sacrificios, lo que nos exigirá lucidez, coraje y persistencia, que no
siempre estaremos dispuestos a aportar.
Lo novedoso de nuestra sociedad contemporánea es que antes
era por lo menos más fácil aquello de elegir deliberadamente ser auténtico y,
en lugar de tener un alto costo, podía
atraernos respeto y reconocimiento; e igualmente, si alguno de nuestros contemporáneos
decidía, muchas veces inconscientemente, “dejarse llevar”, eso tampoco parecía
tener un alto costo; pero hoy hay una trampa silenciosa de una efectividad
contundente y el costo se ha elevado sustancialmente en ambos casos. Denominaría
este fenómeno como la TRAMPA DE LA ATENCIÓN SECUESTRADA (hijacked
attention) que, con la irrupción de la IA y la tecnología en
nuestras vidas, se ha vuelto un destino difícil de eludir. Empecemos por lo más
práctico, para evidenciarlo: nuestras actividades diarias; para luego dar una mirada
al mundo de nuestras ideas y pensamientos.
En efecto, basta que observemos un día completo de vigilia
en nuestras vidas: nos daremos cuenta enseguida de que prácticamente no ha
quedado un minuto del día a nuestra disposición. Todo el tiempo habremos estado
respondiendo a estímulos externos, tales como interlocutores diversos,
llamadas, correos, mensajes electrónicos, noticieros, eventos televisivos,
redes sociales, amigos, familiares, compañeros, jefes, tareas, pendientes,
entregables, reuniones, compromisos financieros, y un infernal etcétera que nos
llevará exhaustos a la cama cada noche. Pronto nos daremos cuenta de que nada
de eso lo hemos decidido nosotros; nos hemos limitado a responder reactivamente
a decisiones que han tomado otros.
Nuestra atención ha estado secuestrada todo el tiempo, sin
que quizás lo hayamos notado. Luego la solución, liberarla, es simple, pero
exige una buena dosis de coraje como toda liberación. Basta que digamos ¡basta! Y la ruta es muy simple. Yo la he buscado y he luchado por
seguirla desde hace años y observo que puede resumirse en tres pasos, pero cada
quien encontrará su ruta si se propone buscarla.
PASO 1:
Empecé preguntándome cuánto de lo que ocupa cada uno de mis
días ha sido planeado previamente por mí. ¿No mucho o casi nada? Por esa razón,
hace años hago una sencilla agenda de PRIORIDADES para cada día, desde
la noche anterior. Al iniciar cada nuevo día, empiezo por la prioridad uno,
hasta que la avalancha de estímulos externos me obligue a hacer las primeras
concesiones del día. Tan pronto puedo, retomo el control y voy a la prioridad
dos; y así sucesivamente, persistiendo siempre.
PASO 2:
Luego, observando que muchos estímulos externos son
solicitudes que, se supone, deben ser ejecutadas por mí, empecé a poner PLAZOS.
Así, en lugar de proceder de inmediato, empecé a ordenarlas en un plan de
prioridades futuras, negociando plazos con mis interlocutores, cuando resultaba
pertinente y posible.
Paso 3:
Empecé finalmente a conjugar el verbo RENUNCIAR.
Observaba que muchos estímulos que recibía no ameritaban atención. Empecé a dejarlos
de lado deliberadamente, haciéndoselo saber, si fuere necesario, a la persona
que había provocado dicho estímulo. La clave resultaba simple: responder a cada
estímulo tiene un costo, de suerte que no es difícil hacer un rápido cálculo de
costo-beneficio. Ah, y ¡claro!, renuncié a las redes sociales, desde
antes de haberme inscrito en ninguna de
ella.
Al poco tiempo, encontré que resultaba cada vez más fácil retomar
el CONTROL DE MI RUTINA. Pero luego me di cuenta de que era solo el comienzo.
Retomar el control de mis actividades no equivalía a retomar el CONTROL DE MI PENSAMIENTO. Había sido un logro importante, pero no la cima. Entonces empecé a
hacerme preguntas más elaboradas. Les ofrezco un pequeño abanico de las
opciones que he ido encontrado y que ustedes pueden complementar.
¿Tengo evidencia empírica o científica para pensar esto que
pienso? ¿Por qué he asumido que esto es así, sin solicitar o buscar una sustentación razonable? ¿Tiene esto que
ser así o existen muchas otras opciones que aún no conozco? ¿Si me produce
temor abandonar una idea, he indagado por qué me produce temor? ¿Y, si me
entusiasma en exceso una idea o una propuesta, baso mi elección en el
entusiasmo o en los argumentos? ¿En el fondo de mí, estoy seguro de tener
claras convicciones personales sobre lo que digo y opino? ¿Conozco las razones
que han llevado a otras personas a pensar de manera diferente o incluso contraria
a mí? ¿Es posible que dos maneras de pensar diferentes sobre algo convivan
armónicamente e incluso se enriquezcan mutuamente? ¿Tengo claro que cambiar mi
forma de pensar o mis gustos y preferencias sobre algo puede ser una
refrescante vía para crecer personalmente? Como se ve, este mismo cuestionario
aplica también para los gustos y preferencias personales; no dejen de hacerlo.
Sin darme cuenta, había iniciado la ruta del PENSAMIENTO CRÍTICO. Y encontré que el pensamiento crítico no es un conjunto de ideas, sino
una MANERA DE PENSAR: incisiva, perspicaz, mayéutica, con la tenacidad
de un taladro que penetra la roca. La cuestión es que solo el pensamiento
crítico, como manera de pensar, conduce al pensamiento propio y auténtico.
Entonces, avanzado en el proceso, descubrí lo fácil que resultaba irse
liberando de las ideologías y empezar a vivir de las propias ideas y depurar y
afinar gradualmente los propios gustos y preferencias. Así empecé a ser, cada
vez más claramente, en el lenguaje de la tradición, un librepensador y una
persona absolutamente heterodoxa en los gustos y preferencias.
Habiendo ganado un razonable grado de autonomía en nuestras
actividades y pensamiento, podremos ahora observar el desarrollo de lo que
sucede en el mundo con distancia, relativa imparcialidad y sentido crítico.
Ello, por supuesto, habrá implicado un silencioso cambio en nuestra manera de
relacionarnos con los demás. Ya no seremos los adeptos leales o los eternos contradictores
de todo, sino los interlocutores comprensivos, dialogantes y aportantes, que
tanto dan como reciben, en el simbiótico proceso de crecer en compañía.
Tolerantes de las diferencias y siempre abiertos a enriquecernos en el
intercambio con lo divergente y lo novedoso. No habremos terminado aún el
camino, sin embargo; aunque nos habremos puesto en la posición adecuada para
encarar la última etapa: el VIAJE AL INTERIOR DE NOSOTROS MISMOS, para hacernos
las preguntas fundamentales de la vida. Abordaré esta etapa en posteriores
notas.
Ramiro Restrepo González
Julio de 2026

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