martes, 10 de abril de 2012

EDUCADOS PARA LA ABUNDANCIA, DESAFIADOS POR LA ESCASEZ

A mi modo de ver la situación del mundo hoy, ésta bien podría ser la mejor definición del destino de nuestra generación; y, si no cambiamos a tiempo, bien podría ser igualmente su epitafio: “educados en la abundancia, desafiados por la escasez”. Y el asunto ya no es de predicadores de apocalipsis improbables. El asunto es de de prospectiva científica seria. Veamos algunos datos demoledores:

1. Los bosques:

La FAO habla de una pérdida media anual, en la década 2000-2010, del orden de 4.032.905 de hectáreas. Y el Panel de Alto Nivel de Naciones Unidas para la Sostenibilidad Global habla de una pérdida neta de bosques del orden de 5,2 millones de hectáreas para fines de la década pasada, lo cual equivale a la superficie de un país como Costa Rica, cada año.
2. La pesca:

La Unión Europea, por ejemplo, en su versión ampliada de los 27 países, ha visto reducir su autosuficiencia pesquera desde un 87,1% en 1995, hasta un 50.0% en 2007 (último año para el que se dispone de cifras). La razón es simple: todas las reservas de peces son explotadas hoy día al límite o más allá de sus límites, es decir, la tasa de captura supera la tasa reproducción, por lo que la resiliencia de las poblaciones están colapsando gradualmente. Y el remedio puede resultar peor que la enfermedad: las flotas pesqueras migran a áreas menos vigiladas, como ocurre recurrentemente con las flotas japonesas y su depredadora caza de ballenas en el pacífico sur, que los activistas de Green Peace han logrado reducir sustancialmente, para sólo citar un ejemplo.
3. El petróleo:

La demanda mundial de petróleo, según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), ha crecido de 72,1 millones de barriles diarios en 1996 (hace 15 años) a 88,3 millones barriles día en 2010, y lo sigue haciendo a tasas superiores al crecimiento poblacional. Eso está conduciendo al inevitable y predecible declive de la producción petrolera. A junio de 2011, 65 de 105 países productores de petróleo ya habían sobrepasado el momento del pico de producción y están en franco declive, según el investigador David Strahan. Y el Royal Town Planning Institute (RTPI) así lo confirma en uno de sus documentos recientes:
“The UK Industry Taskforce on Peak Oil and Energy Security (ITPOES) believes that Peak Oil will arrive in 2015. Other suggestions range between now and 2030”.
4. El agua:

Según Naciones Unidas, “A mediados del presente siglo, 7.000 millones de personas en 60 países sufrirán escasez de agua, en el peor de los casos, y en el mejor se tratará de 2.000 millones de personas en 48 países” (ver el informe en el enlace http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001295/129556s.pdf).

El panorama, pues, es simple. En pocas décadas, no tendremos, o tendremos que pagar precios exorbitantes por recursos tan básicos para la subsistencia como la madera, el pescado, el petróleo, el agua, y la lista es más amplia aun.

No es el apocalipsis. Es el génesis de una crisis global que pudimos evitar y que aun podemos mitigar. Pero fuimos educados y lo seguimos siendo en un modelo de abundancia. Es lo que cientos de spots publicitarios estúpidos nos venden a diario. Es lo que subyace al llamado “sueño americano” que está a punto de convertirse en la “pesadilla americana”. Los europeos, siempre orgullosos de un insostenible estado de bienestar, ya empiezan a experimentarlo.

Lo cierto es que este escenario puede ser cambiado hoy, con decisiones muy simples. Cambiando nuestros hábitos de consumo, por ejemplo. Y las recomendaciones son muy simples, como siempre que tratamos de cuestiones de fondo:
a) Compra lo que necesites. ¡Nada más!, a pesar de lo que te digan miles de spots comerciales al día.
b) Compra aquellos productos que menos desechos generen.
c) Compra aquellos productos que menos energía hayan consumido en su fabricación.
d) Privilegia la producción local por encima de todo.
e) Prefiere productos con sellos ambientales.
f) Ah, y sobre todo, vuélvete un consumidor modesto, frugal, crítico y consciente. En fin de cuantas, tú tienes el poder: el dinero con el que compras.

Pero, jamás, toleres el triste papel de cómplice de una crisis anunciada, cuyas consecuencias ya empezamos a padecer.

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